Una diferencia
Entre el buen pastor y mal pastor (el asalariado) hay
varias diferencias, pero acaso una de las más notorias es el hecho que mientras
el buen pastor está disponible siempre para todos, aunque cuando él lo necesite
no haya nadie disponible para él; él guarda silencio y se refugia en su Padre
celestial (Marcos 1:35). Mientras que el mal pastor (el asalariado), se
frustra, se decepciona, y en lugar de buscar refugio y consuelo en Dios Padre,
toma el micrófono y el púlpito para derramar el estado de su corazón. Por ello,
el pastorado bueno lo podemos comparar a un matrimonio, en dónde cuando la
unión NO se hace por amor sino por intereses ocultos, simplemente no funciona. Veamos
un caso, Mical la hija menor de Saúl, es ofrecida a David por matar a
doscientos enemigos, pero Mical NO amaba a David, por eso no lo respaldaba en
lo que él era y hacía (2ª Samuel 6:16-23). Y ¿cuál fue el resultado? Que Mical
murió sin tener la dicha de parir hijos (verso 23). Así de estériles son los
ministerios si los hacemos por intereses ocultos y no por amor a Dios y al prójimo.
Y alguien dirá: “Sí, pero el ministerio ha permanecido”. Cierto, pero quizás la
pregunta es: ¿Ha crecido en espíritu, aunque no en número… al lo menos?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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