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Ni en éste monte ni en Jerusalén.

      Cristo habla como Maestro de la Ley, contra todo protocolo y costumbres con una mujer, y por si esto fuera poco, mujer Samaritana (Juan 4:9). Una parte de la conversación se basa en relación a dónde es adecuado “adorar” a Dios, y quién tenía la razón, judíos o samaritanos. Y, dentro de la plática el Señor le hace notar que viene un tiempo en el cuál ya no se adorará a Dios ni en un sólo monte (el monte en donde Jacob había hecho el pozo alrededor del cuál estaban ubicados, verso 4), ni en una sola ciudad (Jerusalén, en donde estaba edificado el Templo, que sería destruido a propósito 40 años después, Mateo 24; Marcos 13 y Lucas 21). La mujer cuestiona ¿Cómo será eso? Y la respuesta de Cristo, así como ella no la entendió al principio, MILLONES de personas que decimos seguir a Cristo hoy en día tampoco la hemos entendido. Se adorará a Dios en CUALQUIER LUGAR, pero en espíritu y en verdad, NO con tradiciones, ritos, imágenes, ni ceremonias preparadas. No se necesi...

Ese leproso… éramos nosotros

  Cristo, viene de dar el Sermón del Monte en éstas condiciones: Seguido de sus apóstoles, de las mujeres que ya se le habían unido al grupo, y, multitud de personas que esperaban ansiosas más milagros o una palabra personal (Mateo 8:1). Y, frente a él se detiene un hombre con lepra, que le dice: “Señor, si quieres… puedes limpiarme” (Mateo 8:2). Un momento tenso, aunque para los seguidores y la multitud, no así para Cristo. Y quien con amor le responde: “Quiero, sé limpio”. Ubiquémonos, ¿Qué tipo de angustia tenía que traer ese leproso sobre sus hombros?: Desechado por la sociedad; sucio físicamente pues no le era permitido estar en ningún lugar público adecuado; quizás con hambre física y ya no digamos espiritual. Pero aún así, vence todos los protocolos y se rinde ante el Señor. ¿Acaso no nos podemos identificar con ese leproso? ¿No nos hemos puesto a pensar que nosotros estábamos así en una oficina corrupta; en una vida inmoral; en una suciedad completa… y sin embargo, un día...

Sacrifica tus bueyes

  Cuando nos invitan por primera vez a un servicio en donde el Señor nos será presentado de una forma que NUNCA antes le habíamos conocido, todo se ve muy lindo: Encargados que nos reciben bien arregladitos con una gran sonrisa; un lugar con mesas de manteles largos y elegantes; comida muy rebuscada; un predicador o predicadora muy tiernos y amorosos que nos hablan de un Dios que todo lo puede, al que nadie puede vencer, a quien nada le es imposible, etc. Y TODO es real, es verdadero (no lo cuestionamos), el punto es qué, lastimosamente, NUNCA nos muestran el lado difícil de seguir a Cristo. ¿A qué nos referimos? Veamos un ejemplo, Eliseo era un trabajador de la tierra con yuntas de bueyes, y, cuando el profeta Elías se le acerca para informarle que ha sido elegido por Dios para servirle, el primer requisito es dejar sus arados, a tal grado que ha de prenderles fuego y sacrificar sus bueyes (1ª Reyes 19:19-21). Se dice fácil y hasta se lee fácil hoy… a 2,700 años luz. Pero ya nos...

El Jesús que me presentaron… y el que conocí.

  Actualmente existen muchos líderes improvisados, que lo son porque se vió una necesidad de llenar un puesto de liderazgo… algunos nos consideramos los ungidos, pero, cuando se analiza a fondo el ministerio, vemos que más que “ungidos” somos “urgidos” de Dios. Tristemente, y no es una opinión personal sino generalizada, la gran mayoría de ministerios están atendidos, como en el tiempo de Jesús hace dos mil años, por “asalariados” (gracias a Dios NO es nuestro caso). Esto es, personas que viven y dependen económicamente del ministerio, pero que no fueron llamados a serlo. Se los identifica cuando se les escucha hablar siempre de “proclamar”, “declarar”, y “decretar”. Casualmente, SIEMPRE a favor de las necesidades existentes en lo personal. Pero, el verdadero evangelio de Cristo es totalmente diferente al evangelio que nos presentaron. Cristo dijo: “Toma tu cruz cada día… y sígueme” (Lucas 9:23). “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Preguntamos: ¿En dónde está el “procl...

Ya no quiero oír de Jesús… quiero verlo

  Imaginemos la escena en nuestras mentes, la gran fiesta de la Pascua está por comenzar, las gentes reciben a Jesús con ramas de palmera porque así se recibía a un Rey. La ciudad está abarrotada de gentes y la fama de Jesús ya era grande, entonces, unos griegos que estaban allí y que ya habían OÍDO de Jesús, incluso que había resucitado a un tal Lázaro (Juan 12:17), se acercan a Felipe, uno de los doce del grupo y le exclaman: “Queremos VER a Jesús” (Juan 12:20). Hoy en día, gracias al fariseísmo en el que muchos hemos caido, creyendo que somos mejores que otros, porque hacemos o dejamos de hacer actos que ellos aún hacen o dejan de hacer; porque somos graduados de un Instituto Bíblico; porque asistimos a la congregación que asistimos y ellos no, HABLAMOS muy lindo de Jesús y hasta lloriqueamos en el acto… PERO, no dejamos que lo VEAN con nuestras acciones. Triste pero cierto, estamos igual que hace dos mil años: Fariseos de fariseos; hipócritas de hipócritas, egoístas de egoíst...

Cría fama y échate a dormir

  La  “fama”: Opinión que las gentes tienen de una persona o de nosotros. Hay un dicho en una de las ciudades del Norte que dice: “Lo que pasa en las Vegas… se queda en las Vegas”. ¿Sabe usted por qué lo dicen? Porque lo que sucede allí, es tan malvado, perverso y fuera de lo normal… que nadie quiere que se sepa lo que allí se hizo para no pasar verguenzas . En lo espiritual nos pasa lo mismo, una persona malvada se hace fama y ya no la quiere nadie; por el contrario, una persona de bien se hace fama delante de las gentes, no por lo que dice, sino por lo que hace y todos le aprecian. Cuando Cristo empezó a hacer milagros, nos dicen las escrituras que su “fama” se difundió por toda Siria, y, “Le trajeron a todos los que tenían dolencias, a los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, los lunáticos y paralíticos… y los sanó” (Mateo 4:24). De los detalles no nos hablan las escrituras, pero ahora entendemos mejor el pasaje del apóstol Juan cuando terminó ...

Y… ¿Si fuera hoy por la noche?

  La biblia nos narra la historia de un hombre que le dijo a Jesús: “Señor, dí a mi hermano que reparta conmigo la herencia” (Lucas 12:13). Y la respuesta de Jesús, aunque inmediata fue: “No soy juez ni partidor” (verso 14); lo más importante que dejó entrever, fue la explicación acerca “guardarse” de la avaricia (verso 15). En las casi 7 décadas y media de vida que el Señor nos ha concedido de vida hemos visto familias y personas destruirse por dinero, casas, fincas, cuentas bancarias, etc. Y, para qué, para nada y por nada. Ciertamente algunos han alcanzado a disfrutar de esas herencias, pero TODOS han muerto o están por morir, y, al hacerlo… DEJAN TODO. No hemos logrado entender el mensaje de Jesucristo: “Hacéos tesoros en el cielo y NO en la tierra, pues aquí se pudren, se oxidan, se llenan de ollín” (Mateo 6:19-21). En otra escrritura, lo que Jesús le dijo a quien estaba pensando en ampliar sus graneros fue: “NECIO (insensato, bruto, estúpido, como Nabal en 1a Samuel 25:25),...