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Ya no quiero oír de Jesús… quiero verlo

  Imaginemos la escena en nuestras mentes, la gran fiesta de la Pascua está por comenzar, las gentes reciben a Jesús con ramas de palmera porque así se recibía a un Rey. La ciudad está abarrotada de gentes y la fama de Jesús ya era grande, entonces, unos griegos que estaban allí y que ya habían OÍDO de Jesús, incluso que había resucitado a un tal Lázaro (Juan 12:17), se acercan a Felipe, uno de los doce del grupo y le exclaman: “Queremos VER a Jesús” (Juan 12:20). Hoy en día, gracias al fariseísmo en el que muchos hemos caido, creyendo que somos mejores que otros, porque hacemos o dejamos de hacer actos que ellos aún hacen o dejan de hacer; porque somos graduados de un Instituto Bíblico; porque asistimos a la congregación que asistimos y ellos no, HABLAMOS muy lindo de Jesús y hasta lloriqueamos en el acto… PERO, no dejamos que lo VEAN con nuestras acciones. Triste pero cierto, estamos igual que hace dos mil años: Fariseos de fariseos; hipócritas de hipócritas, egoístas de egoíst...

Cría fama y échate a dormir

  La  “fama”: Opinión que las gentes tienen de una persona o de nosotros. Hay un dicho en una de las ciudades del Norte que dice: “Lo que pasa en las Vegas… se queda en las Vegas”. ¿Sabe usted por qué lo dicen? Porque lo que sucede allí, es tan malvado, perverso y fuera de lo normal… que nadie quiere que se sepa lo que allí se hizo para no pasar verguenzas . En lo espiritual nos pasa lo mismo, una persona malvada se hace fama y ya no la quiere nadie; por el contrario, una persona de bien se hace fama delante de las gentes, no por lo que dice, sino por lo que hace y todos le aprecian. Cuando Cristo empezó a hacer milagros, nos dicen las escrituras que su “fama” se difundió por toda Siria, y, “Le trajeron a todos los que tenían dolencias, a los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, los lunáticos y paralíticos… y los sanó” (Mateo 4:24). De los detalles no nos hablan las escrituras, pero ahora entendemos mejor el pasaje del apóstol Juan cuando terminó ...

Y… ¿Si fuera hoy por la noche?

  La biblia nos narra la historia de un hombre que le dijo a Jesús: “Señor, dí a mi hermano que reparta conmigo la herencia” (Lucas 12:13). Y la respuesta de Jesús, aunque inmediata fue: “No soy juez ni partidor” (verso 14); lo más importante que dejó entrever, fue la explicación acerca “guardarse” de la avaricia (verso 15). En las casi 7 décadas y media de vida que el Señor nos ha concedido de vida hemos visto familias y personas destruirse por dinero, casas, fincas, cuentas bancarias, etc. Y, para qué, para nada y por nada. Ciertamente algunos han alcanzado a disfrutar de esas herencias, pero TODOS han muerto o están por morir, y, al hacerlo… DEJAN TODO. No hemos logrado entender el mensaje de Jesucristo: “Hacéos tesoros en el cielo y NO en la tierra, pues aquí se pudren, se oxidan, se llenan de ollín” (Mateo 6:19-21). En otra escrritura, lo que Jesús le dijo a quien estaba pensando en ampliar sus graneros fue: “NECIO (insensato, bruto, estúpido, como Nabal en 1a Samuel 25:25),...

Cirujanos o anestesistas.

  Cuando una persona necesita una operación por enfermedad o por accidente, inmediatamente se llama a un anestesista y a un cirujano. Todos sabemos que el trabajo del anestesista consiste en que el paciente no sufra, y que el trabajo del cirujano es ponerle fin a la situación. En lo espiritual, cuando nosotros predicamos la palabra de Dios, que es a lo que hemos sido llamados todos los creyentes (Mateo 16:15-18), podríamos hacer el trabajo de un anestesista y quitar el dolor de las personas. Pero, el trabajo de cirujano, no sólo con nuestro testimonio de vida cumpliendo lo que predicamos primero, sino también dependiendo de la aceptación, voluntad y disciplina de las personas que nos escuchan o nos leen lo lograremos. Allí, si se sabrá si el trabajo se convierte en uno de anestesista que solamente quitó el dolor, o uno de cirujano efectivo para ponerle fin a la situación de pecado (Dios de por medio por supuesto). Pero ese trabajo sólo Dios y el tiempo lo juzgarán. Señor: Danos...

No es un tutorial.

  Hoy en día, todo se mueve en forma virtual, ya no asistimos a hacer largas filas para un pago, hoy lo hacemos desde nuestra sala de casa. Ya no vamos a perder tiempo a un supermercado, ellos nos llevan la comida a nuestra puerta y nosotros sólo ponemos la tarjeta de crédito en una máquina y pagamos. Lastimosamente, este sistema de vida material que llevamos lo queremos trasladar a la vida espiritual, y, llegamos a la congregación o a un grupo de oración, hacemos nuestra confesión de fe como dice Romanos 10:1-11; y, pretendemos que por “inercia” ya tendremos otra vida. NO fue eso lo que Dios ofreció, él sí nos ofreció otra vida, él sí nos ofreció paz espiritual, PERO, todo fue “condicionado”. Veamos: “En el día de la angustia, búscame y yo te encontraré, te ayudaré… PERO, tú me servirás” Salmo 50:15). Tenemos que entender que hacer una confesión de fé NO ES UN TUTORIAL en donde nos dan la fórmula mágica de una receta y solamente es de copiarla y ya. No, la vida del creyente es u...

No es avivamiento… es escándalo.

  Actualmente se llama avivamiento a un evento porque de pronto una congregación “X” se empieza a abarrotar de gentes los días de servicio. Pero, para que podamos llamarle avivamiento tiene que llenar ciertos requisitos espirituales… NO materiales. Creemos qué porque se instaló una banda musical que toca música moderna o alegre; qué porque llega una enorme diversidad de gentes jóvenes y adultos, Que porque el predicador es famoso y habla y dice lo que la gente quiere escuchar, etc. Ya es un avivamiento. ¡NO!. Un avivamiento es cuando el predicador habla el evangelio de la cruz para convencer a cada asistente de la necesidad que tenemos de un arrepentimiento; cuando la solemnidad está no solamente en la música, en la palabra, sino en la afirmación y convicción de las personas en un cambio de vida, pues eso precisamente es el arrepentimiento según Cristo mismo (Mateo 4:17, un giro de 180 grados en la vida de una persona). Un avivamiento NO es que toda la cuadra del establecimiento ...

Inocente o culpable.

  Inocente: “Alquien que está libre de culpa”. Culpable: “Responsable de un daño físico o moral”. Las escrituras dicen: “Es necesario que el hombre (mujer) mueran una sola vez y luego de eso el juicio” (Hebreos 9:27). Aquí, Dios nos está mostrando al menos dos lecciones: 1- No existe la reencarnación, nacemos, crecemos, vivimos, morimos y somos juzgados. Y 2- No hay un lugar intermedio entre ésta vida y la otra. En el libro de San Lucas, capítulo 16, vemos la historia de un rico y de un pobre que luego de su ciclo de vida… mueren. En ningún momento las escrituras mencionan un lugar intermedio, pues mientras que uno estaba gozando de una paz envidiable, el otro estaba inmediatamente en tormentos. Es más, ambos estaban conscientes del lugar en donde estaban (sin poder alguno de comunicación con éste lado de la vida). Por lo tanto, no vale, no es cierto, que si alguien muere en condiciones que “nosotros” creemos no correctas, se puedan realizar ritos para sacarlo de a dónde fue a da...