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El ya sabìa quien era.

    Ha habido gran debate entre quienes seguimos a Cristo, sobre cuándo él se entera de quién era y a qué había venido al mundo. Las escrituras son exageradamente claras a ese respecto cuando las estudiamos o las analizamos, no sólo cuando las leemos o escuchamos ligeramente. Veamos, Un ángel se le presenta a María diciéndole los planes de Dios, o sea, en pocas palabras, María sabía qué clase de persona era a quien iba llevar en gestación en su vientre (Lucas 1:30-32). José, recibe un mensaje en sueños que le indica quién es el niño que María lleva dentro y de dónde procese (Mateo 1:20). Al presentar al niño en el Templo, dos personas dan testimonio de quién es ese niño: Un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana, quien era profetiza (Lucas 2:22-40), situación que Jesús tuvo que haberse enterado al ir creciendo. Por si eso no fuera suficiente testimonio, se nos narra el pasaje en el cuál, a sus escasos 12 años, el niño asombra a los ancianos de la Ley en el Templo...

Si es selección divina… Entonces ¿El libre albedrío?

  Ayer vimos que es Dios quien entrega en manos de Cristo a quienes él ha “seleccionado” (Se ve en Abraham, Josué 24:1-4; en Jacob, Romanos 9:13; en el pueblo de Israel,   Malaquías 1:2-3; en Moisés; Exodo 3:1-10; en los reyes del pueblo unido de Israel Saúl, David y Salomón, 1ª Samuel 9:10, 1ª Samuel 16:12-13 y 1ª Crónicas 22:9-10 respectivamente; y, hasta en Judas, Juan 17:12. Entonces surgen las dudas: ¿Si es Dios quien nos elige, por qué o para qué oramos o intercedemos por otros que no van a ser salvos? ¿En dónde queda el libre albedrío tan famoso en las escrituras?. Veamos algunas escrituras: “Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno (el que quiere, libre albedrío) oye mi voz, yo cenaré con él” (Apocalipsis 3:20); veamos otro verso: “Dios, ha dado a su Hijo para que todo aquél que en él crea (el que quiera, libre albedrío) sea salvo” (Juan 3:16). Otro más, “al ver lo duro de la palabra, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no andaban con él” (Juan 6:66). Entendamo...

Entonces: ¿Es libre albedrío o elección divina?

  Vaya pregunta que por años nos hemos hecho, y por siglos la humanidad. Seguimos a Dios por voluntad propia o le seguimos porque él nos eligió (aunque en éste último caso muchos hayan dispuesto que entonces somos marionetas en sus manos). En lo personal y respaldado por las escrituras y algunas experiencias (que, reconocemos, son nada a la luz de la eternidad), vemos que es por “selección divina”, veamos pruebas: Abraham, es “seleccionado divinamente” estando en Ur de los Caldeos como un gentil para ser el padre de la nación Judía (Génesis 12:1-5 y Josue 24:1-4). Dios declara: A Jacob amé, y a Esaú aborrecí (selección divina) (Malaquías 1:2.3 y Romanos 9:13). Dios en “selección divina” elige por sobre todos los pueblos a Israel (Malaquías 1:2). Moisés es por “selección divina” enviado a sacar de la esclavitud al pueblo de Israel en Egipto (Exodo 3:1-10). Por “selección divina”, fueron tres los reyes del reino unido de Israel: Saúl (1ª. Samuel 9:10); David (1ª. Samuel 16:12-13); ...

Qué quieres que te haga.

    Durante toda la escritura vemos un patrón muy lindo en la relación que Dios desea tener con el ser humano. ¡Siempre! Él pregunta, ¿si deseamos o no?. Jamás impone, pudiéndolo hacer. Veamos: Cristo se encuentra con un ciego en Jericó, y le hace una pregunta que resulta un poco irónica: ¿Qué deseas que te haga?, por simple lógica uno piensa, pues que recobre la vista, pero el hecho en sí, es para demostrarnos que Él nunca hará algo que nosotros no queramos que haga con nosotros. No porque él no tenga capacidad de hacerlo sino porque no es su intención hacerlo. Alguien preguntará aquí: ¿Entonces porque nos vienen sufrimientos sin que nosotros los pidamos o autoricemos? Eso es sencillo de responder si realmente le conocemos: “Porque es parte del proceso de los ELEGIDOS” (Juan 6:44), veamos algunos pasajes de las escrituras: Hechos 14:22: “Por MUCHOS padecimientos es necesario entrar al reino de los cielos”. Otro más, Mateo 16:24: “TOMA tu cruz y sígueme”. Y un último, Juan...

Hubo oscuridad.

    La forma de dividir el día desde el punto de vista de Israel era poner como hora primera, las seis de la mañana, cuando aclaraba el día. Así, cuando las escrituras nos hablan de la hora “sexta” durante la crucifixión de Cristo, entendemos que se referían al medio día, y que la hora novena eran las tres de la tarde (Mateo 27:45-54). Se nos narra también, que durante esas tres horas hubo oscuridad sobre toda la tierra (mismo verso). ¿Qué significado tiene esa oscuridad? Veamos, al principio, en lo material, lo vemos en Génesis (1:1), la tierra estaba no sólo desordenada sino en oscuridad. En lo espiritual, nosotros cuando no tenemos un conocimiento (no nos referimos a algo vago sino a tener una relación personal con Dios), estamos también en tinieblas, el mundo es el mejor ejemplo de ello. En el principio una palabra de Dios hizo que las tinieblas desaparecieran de la tierra; curiosamente el hombre fue creado de esa tierra, y, el hombre vio la luz con las palabras de Cri...

No hagamos méritos como estorbos.

  Cuando una persona encuentra un “estorbo” en el camino, lo evade para hacer su caminata más agradable; más rápida, y, por supuesto, para poder lograr sus objetivos. En lo espiritual resulta el mismo caso, veamos dos ejemplos clarísimos: Dios desea llevar a su pueblo de ser esclavo a ser libre y tener su propia tierra, pero, en el camino está como “estorbo” el faraón de Egipto. ¿Qué hace Dios?, destruye el “estorbo” (Génesis Exodo 14:28-29). Herodes el grande es un “estorbo” para que el ministerio de Aquél niño que al crecer sería el libertador del remanente del pueblo de Israel, y, de todos los gentiles que quisiéramos seguirle. ¿Qué hace Dios?, quita el “estorbo” (Mateo 2:19). ¿Cuáles fueron las palabras exactas que Dios le dijo a José, el padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo?: “José, levántate, y ve, pues quienes amenazaban (estorbaban) la vida del niño han muerto” (mismo verso). No nos desanimemos si en nuestra caminata hay “estorbos”, levantémonos y vayamos hacia adel...

Mijo, diga buenos días.

    Pregunta: ¿A quién le dice un padre?: “Mijo, diga buenos días… a un hijo infante, o, a un hijo ya mayor”. Lógico, al infante, y, si éste ha sido bien educado, cuando llega a mayor ya no se le tiene que volver a decir. Si esa situación NO sucede, entonces estaríamos ante uno de dos caminos: O, nosotros como padres no supimos educar, o, sí educamos, pero el infante no quiso aprender. Entonces, en el plano espiritual preguntamos: ¿Si como pastores, como líderes responsables educamos a las ovejas a que compartamos (con el necesitado) de lo mucho o poco que Dios nos ha dado como lo explica la escritura, cuando las ovejas son recién convertidas (infantes)? (2ª Corintios 9:7). ¿Cuál es la razón, para que en cada reunión el punto principal de la misma no sea la palabra de Dios sino “la chequera, el dinero, las promesas de fe económicas”, etc. Simplemente quedan estas opciones: O el líder no supo enseñar, o la oveja no supo aprender, o peor aún… hay intereses ocultos de alguien...