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Vivimos un solo personaje.

  En una entrega de premios el actor Harrison Ford dijo: “Trabajamos en una industria privilegiada, en donde podemos vivir muchas vidas aparte de la nuestra”. En esas actuaciones los personajes que vemos pueden ser sanos, enfermos, débiles, poderosos, ricos, pobres, felices o infelices, lo que el guionista decida. Pero al final de la filmación continuamos con nuestro rumbo, hayas interpretado el papel que hayas interpretado dejando todo atrás. Ahora bien, en la vida real y especialmente en la espiritual tenemos qué entender que solamente podemos vivir una vida, y después de eso enfrentar un juicio, NO hay lugar intermedio, y luego de ese juicio, según creemos, está una recompensa o un castigo (Hebreos 9:27). No porque Dios sea bueno o malo, sino simplemente porque es el resultado o la consecuencia de la forma como llevamos el “personaje” en la vida real. El ser humano no tiene la oportunidad de vivir muchas vidas, altibajos sí… pero muchas vidas no. Señor: Danos un honesto celo...

Levanta tu cabeza.

    Era la final del mundial de 1970 en México, se enfrentaban por la motivación no sólo de ganarlo sino de llevarse la copa Jules Rimet a casa para toda la vida, las selecciones de Brasil e Italia. En una de las acciones, Clodoaldo, medio campista brasileño, comete un error y por ese error, Italia empata el partido. A la charla respectiva del medio tiempo en camerinos, alguien (Pelé), al verlo en lágrimas por su error le dice: “Yo confío en ti… levanta la cabeza y vamos a llevar esa copa a casa”. En el segundo tiempo, Clodoaldo hace una de las jugadas maestras más comentadas de la historia, pues es el artífice de un movimiento que luego de dejar a los cuatro contrarios atrás, termina en el cuarto gol de Brasil, y la copa se la llevaron a casa. Las escrituras nos dicen cuando estamos en dificultades: “Pon tu rostro como pedernal” (levanta tu cabeza) (Isaías 50:7). Cuando actuamos respetando las leyes que Dios nos ha impuesto, no debemos temer a ninguna situación contraria,...

Desde niños hemos sido engañados (Parte final).

  Miremos la perspectiva de Dios. En el Antiguo Testamento es Dios Padre quien trata con el hombre: Se le apareció a Abraham (Génesis 18:1-33); se le apareció a Jacob (Génesis 28:10-17); se le apareció a Moisés (Exodo 3:2-6); se le apareció a Josué (Josué 5:13-15). Luego, envía a su Hijo para que durante 3 años y medio, sea quién guíe a SU pueblo a sus fines (vea los 4 evangelios). Preguntamos: ¿Después de 4 mil años de historia y de trabajos “personalizados” con la humanidad y con SU pueblo, iba Dios a dejar en manos de un hombre la continuidad de ese trabajo, o preferiría dejárlo en manos del Espíritu Santo? Dejemos que las escrituras respondan solas para NO meter las manos: Cristo les dice a sus apóstoles: “ Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros” (Juan 16:7). Otra pregunta: ¿Si el Consolador había de VENIR, por simple lógica NO estaba entre ellos, verdad? Por lo tanto NO podía ser un hombre. Otra más: ¿Iba a permitir que el final, ...

Desde niños hemos sido engañados (Parte dos).

  Crecimos, y, escudriñando las escrituras nos dimos cuenta que el cristianismo NO es una religión sino una relación íntima y personal con Dios (Juan 3:16-19 y, especialmente Romanos 10:8-11). Luego, nos congregamos con personas que creíamos tenían la misma visión nuestra de conocer, amar y servir al Señor, para, después de muchos años darnos cuenta que éramos “sojuzgados o sometidos” a los lineamientos de un grupo que se creía “privilegiado”, pero en donde estuvimos NO llamados a libertad como dijo Cristo sino a un tipo muy sofisticado de esclavitud (Juan 8:32). Pues se nos volvió a llenar de “requisitos, normas y leyes humanas” que hasta contradecían las escrituras, pero, que eran solamente un fariseísmo muy sofisticado. Ejemplos: Se nos hizo creer, que Dios podía ser agradado o comprado con dinero haciendo lo que denominaron “siembra”; se nos hizo creer que la obediencia ciega era lealdad a Dios, cuando en realidad era al hombre y a su criterio de creerse el UNGIDO de Dios y c...

Desde niños hemos sido engañados (Parte uno).

  El primer consejo que Cristo da a sus discípulos, y, a nosotros a través de ellos es: “Mirad que no seáis engañados” (Mateo 24:4; Marcos 13:5; y Lucas 21:8). Pues bien, iniciemos: Desde niños nos enseñaron que Dios vivía entre cuatro paredes, cuando la escritura es clarísima: “Dios NO habita en templos hechos de manos humanas, sino que NOSOTROS somos el templo” (1ª. Corintios 3:16). También se nos enseñó qué: “El Bautismo es el Sacramento INSTITUIDO por Jesucristo para REGENERARNOS. Mediante él nacemos a una nueva vida, A LA DE HIJOS de Dios”, pues nacimos con el pecado original por culpa de Adán (Historia de la Iglesia, 3er curso, página 16, Editorial Edelvives, 1965). Para prueba de lo que nos dijeron nos bautizaron de niños, porque así, si moríamos en esa corta edad ya no iríamos al infierno (esto NO nos lo contaron lo vivimos en carne propia); cuando la escritura dice que “solamente” por Cristo somos salvos (Juan 3:16) Preguntas: ¿Cómo pudo Cristo instituir el bautismo, si ...

El ya sabìa quien era.

    Ha habido gran debate entre quienes seguimos a Cristo, sobre cuándo él se entera de quién era y a qué había venido al mundo. Las escrituras son exageradamente claras a ese respecto cuando las estudiamos o las analizamos, no sólo cuando las leemos o escuchamos ligeramente. Veamos, Un ángel se le presenta a María diciéndole los planes de Dios, o sea, en pocas palabras, María sabía qué clase de persona era a quien iba llevar en gestación en su vientre (Lucas 1:30-32). José, recibe un mensaje en sueños que le indica quién es el niño que María lleva dentro y de dónde procese (Mateo 1:20). Al presentar al niño en el Templo, dos personas dan testimonio de quién es ese niño: Un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana, quien era profetiza (Lucas 2:22-40), situación que Jesús tuvo que haberse enterado al ir creciendo. Por si eso no fuera suficiente testimonio, se nos narra el pasaje en el cuál, a sus escasos 12 años, el niño asombra a los ancianos de la Ley en el Templo...

Si es selección divina… Entonces ¿El libre albedrío?

  Ayer vimos que es Dios quien entrega en manos de Cristo a quienes él ha “seleccionado” (Se ve en Abraham, Josué 24:1-4; en Jacob, Romanos 9:13; en el pueblo de Israel,   Malaquías 1:2-3; en Moisés; Exodo 3:1-10; en los reyes del pueblo unido de Israel Saúl, David y Salomón, 1ª Samuel 9:10, 1ª Samuel 16:12-13 y 1ª Crónicas 22:9-10 respectivamente; y, hasta en Judas, Juan 17:12. Entonces surgen las dudas: ¿Si es Dios quien nos elige, por qué o para qué oramos o intercedemos por otros que no van a ser salvos? ¿En dónde queda el libre albedrío tan famoso en las escrituras?. Veamos algunas escrituras: “Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno (el que quiere, libre albedrío) oye mi voz, yo cenaré con él” (Apocalipsis 3:20); veamos otro verso: “Dios, ha dado a su Hijo para que todo aquél que en él crea (el que quiera, libre albedrío) sea salvo” (Juan 3:16). Otro más, “al ver lo duro de la palabra, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no andaban con él” (Juan 6:66). Entendamo...