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Orar o interceder no necesita tiempo… necesita actitud.

  Muchos creyentes no oran por nadie, ni por ellos mismos… hasta qué, quieren algo, necesitan algo o les urge algo. Ignoramos a Dios muchos días de nuestras vidas, nos levantamos y salimos corriendo tras los afanes, HASTA QUE, algo sucede. Y cuando es así, entonces queremos orar y que Dios nos responda PRONTO. Nosotros lo hemos hecho esperar a él toda la vida, queriendo él hablarnos (Deuteronomio 28:1 y 2ª Crónicas 16:9), pero nosotros queremos respuestas “instantáneas”, y como no las tenemos asumimos que él no nos escucha. Tanto así, que recurrimos a otros para que sean “intercesores” por o para nuestra causa. No es malo bajo ningún punto de vista el pedir ayuda, de hecho, las escrituras nos llaman a orar e interceder unos por otros (Santiago 5:16b). Pero, Dios nos ha provisto de la capacidad de poder hablarle directamente (Hebreos 4:16). Preguntamos: ¿Quién, conociendo al presidente de la república, va y pide a la mamá de éste, que interceda por él? Tenemos que entender, orar n...

Inmoralidad o soberbia

    Hay pecados de pecados, todos nos conducen a la muerte espiritual, aunque algunos tienen mayores consecuencias que otros. Veamos: El pecado de Adán y Eva de la desobediencia, nos llevó a tener una herencia de maldición sobre el trabajo para el hombre, y de sojuzgamiento para la mujer (Vea Génesis 3:16-17). El pecado de Sodoma y la razón por la cuál Dios no la perdonó, contrariamente a lo que a todos nos han enseñado, que únicamente fue inmoralidad, fue también la soberbia (Ezequiel 16:49), mismo pecado que por el cuál el ángel Luzbel (luego llamado satanás), cayó y no fue levantado ni lo será. Es increíble, pero la inmoralidad que está tan de moda a todo nivel en el mundo, es posible que no nos condene, por una razón, en un momento dado nos hace meditar y “arrepentirnos”, PERO, no así la soberbia, pues este pecado nos hace pensar y creer que NO necesitamos de Dios, y allí, si ya no hay espacio al arrepentimiento. Juzgue usted mismo, cuál pecado es más fácil de vencer: ...

El problema de acercarse mucho.

  Abraham, cuando fue llamado por Dios para separarse de su familia y de su tierra (Génesis 11:31-32 y 21:1), tuvo la feliz idea de llevarse consigo a su sobrino Lot. Este, no tenía el mismo corazón y sentir de su tío, por ello, en cuanto la oportunidad se dio, lo demostró. Hubo una pequeña disputa entre los pastores de Lot y los de Abraham, y fue cuando Abraham decidió que lo mejor era una separación (entre paréntesis, cuando nosotros no hacemos lo que tenemos qué hacer, separarnos de algo o de alguien, Dios lo hace por nosotros, pero duele más, o, es más dramático). Así, Lot, expone lo que había en su corazón, y toma las tierras que están más cerca de la perversa Sodoma (Génesis 13:11-13). Error más grande no pudo haber cometido, pues aunque él, aún, pudo guardar los mandamientos de Dios, lamentablemente, su esposa e hijas no. Pruebas, cuando los ángeles los sacan porque iba a ser destruida Sodoma, la esposa vuelve sus ojos en señal de nostalgia por lo que dejaba y la incertidu...

Nuevas oportunidades.

    ¿Quién no ha desechado una oportunidad en cualquier área de la vida? Quizás emocional, económica, de trabajo, y hasta de pareja. Y, ¿quién no desea una segunda o nueva oportunidad? Acaso en éste sentido el ejemplo más palpable sea nuestro amado rey David. Un hombre que fue “conforme el corazón de Dios”, (1ª Samuel 13:13-14). Y sin embargo en un momento de inestabilidad o debilidad cometió pecados serios (no fue al frente de la batalla; estaba ocioso en el palacio; se deleitó con la desnudez de Betsabé; la codició; la obligó a venir; la violó; la desechó; asesino al esposo, y quiso esconderlo todo). PERO, tuvo el corazón como el de Dios, al estar dispuesto a arrepentirse y a obedecer lo que Dios le dijo que hiciera. ¿Entendemos? David no tenía el corazón como el de Dios por ser perfecto, sino por tener una tendencia extrema por obedecer y agradar a su Dios, la mejor prueba de ello es que Dios le manda decir a Saúl, que ESA es la razón (la falta de obediencia) por la que...

Qué podemos hacer como creyentes y qué no.

    Una de las preguntas primarias que nos hacemos cuando somos nuevos creyentes es: Y, ahora, ¿qué puedo o qué no puedo hacer en mi vida? Si el líder que nos llevó a los pies de Cristo es entendido en la materia y no improvisado, debe saber que nos tiene que inculcar una de las primeras condiciones de vida que Dios le dio a su pueblo: “Cuando entres a la tierra prometida, NO haréis como hacen en Egipto (mundo); ni haréis como hacen en tierra de Canaán” (los enemigos de la carne, Levítico 18:1-3). Ahora bien, establezcamos algo primero: Egipto representa a la maldad del mundo (Apocalipsis 11:8). Y Canaán, todo lo que un seguidor de Cristo NO debe hacer, pues recordemos que los pobladores de esa tierra eran los descendientes de Cam, padre de Canaán quien recibió la “maldición” por parte de Dios, por haber, su padre, descubierto la desnudes de Jacob (Génesis 9:22 y 25). Así, las siete tribus que vivían en Canaán tenían prácticas que ofendían a Dios, verbigracias:   Inmo...

No dijo a dónde sino a quién

    Cuando en la vida cotidiana y laboral nos va bien, en la última persona que pensamos (generalmente) es en Dios. Cuando todo nos está saliendo según nuestros planes, cuando todo está muy a favor nuestro, el orgullo y la vanidad no nos permiten entender que si estamos como estamos es porque Dios lo ha permitido. Las escrituras nos dicen: “El (Dios) cambia los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:21). Imagínese usted, si Dios es totalmente soberano para poner a un rey, sea éste benévolo y bondadoso, o, por el contrario, dictador y perverso, cómo no va a controlar nuestras vidas, nuestra salud, nuestras finanzas, nuestro entorno, etc.. Así, un día de tantos en las clases de preparación que Cristo les dio a sus discípulos, les pregunta: ¿Dado, que muchos de los que me siguen, ya no quieren hacerlo porque ésta vida es dura y no es lo que pensaron, queréis iros también vosotros? (Juan 6:67). Y Pedro respondió algo importante, pues NO dice: ¿A dónde iremo...

Los muertos oirán su voz

  En las escrituras leemos: “Porque el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Juan 5:21). Y un poco más adelante expresa: “Viene la hora, y ahora es, cuando los MUERTOS oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán” (Juan 5:25). Preguntamos: Si el ser humano más sabio que ha habido, Salomón, dijo: “Los MUERTOS nada saben, y, nunca más tendrán paga en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés 9:5). ¿Entonces cómo los MUERTOS podrán oír la voz de Dios? Cristo mismo nos lo explica: “Yo soy la vida, nadie va al Padre si no es por mí” (Juan 14:6). Y, en otra oportunidad dijo: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos” (Lucas 9:60 y Mateo 8:22). Esta última expresión se la dijo a un DISCÍPULO (imaginemos eso, un discípulo, ¿cómo entonces no aplicará para nosotros?) que su padre aún no había muerto ni estaba por morirse. ¿Qué implicaba? Que Cristo en su función de profeta le estaba diciendo que TODO el que cami...