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Caín fue el primer fruto luego de la caída

    Adán fue perfecto porque había sido hecho a la semejanza de Dios (Génesis 1:27), pero Caín, fue el primer fruto después del pecado en el Edén, es justificable entonces que tuviera una semilla de maldad que Adán nunca tuvo sino hasta el momento de la desobediencia. Adán y Eva, tuvieron un conocimiento y un entendimiento de Dios realmente hasta cuando les nació Set, quien también fue hecho a imagen y semejanza de aquél Adán (Génesis 5:3). Cuando estudiamos esos tiempos, podemos ver claramente una división. En la descendencia de Set, se acepta y se adora a Dios, al extremo que uno de sus descendientes es arrebatado al cielo (Génesis 5:24). En el otro sentido, entre los descendientes de Caín se cultiva el orgullo de poner su nombre a las ciudades (Génesis 4:17); la inmoralidad, de tener dos esposas (Génesis 4:19); nace la música sin el Espíritu Divino (Génesis 4:21). Desde el principio entonces podemos ver cómo, cuándo, dónde, y por qué nació la división moral de la humani...

Siempre Dios hace mejor las cosas que nosotros

  Hay porciones de las escrituras que leemos o repetimos constantemente, pero lo hacemos como por costumbre, no por o con convicción. Ejemplo: En Jeremías 29:11, aprendemos que los caminos de Dios son mejores que los caminos nuestros, y que él siempre desea y planea lo mejor para nosotros. PERO, en las circunstancias adversas de la vida nos negamos a recordar ese pensamiento y resultamos quejándonos. Repetimos como loros el Padre Nuestro (Mateo 6:9-13), pero cuando las situaciones de la vida no salen como nosotros las queríamos, negamos la voluntad del Padre sobre la tierra. ¿Y entonces?. Dios siempre tiene lo mejor para nosotros aunque no nos demos cuenta: Adán y Eva pecan en el Edén, cuando razonan que están desnudos hacen un “delantal” con hojas de higuera para cubrirse (Génesis 3:7), pero cuando Dios los confronta les teje “ropas” de pieles, que no sólo eran más completas que un delantal sino más cómodas (Génesis 3:21). ¿Entendemos la lección?   Señor: Danos un hones...

Las verdades que NO sabemos… y encima nos NEGAMOS a saber. (Parte final)

    Entre las verdades que no sabemos y nos negamos a saber PORQUE nadie las ha dicho desde un púlpito, están algunas como las vistas ayer y las siguientes: Creemos que dentro de la Iglesia de Jesucristo hay infiltrados que parecen ser creyentes pero NO lo son, porque nos lo enseña el apóstol Juan (1ª Juan 2:19), pero lo que no creemos (y hasta negamos), es el hecho que ésta enseñanza ya había sido profetizada por Enoc en SU evangelio hacía casi tres mil quinientos años, de lo cuál da fe Judas, el hermano del Señor (Judas 1:14). ¿Por qué no conocemos o no creemos en el evangelio de Enoc? Porque por conveniencias religiosas no fue puesto en el Canon Bíblico, sin embargo, NADIE cuestionó la fe de Judas en ello. Otro punto, creemos a ciegas, la prédica del apóstol Pedro, acerca de qué en el final de los tiempos habrían asalariados que harían mercancía de las ovejas (2ª. Pedro 2:3), pero nos NEGAMOS a creer, que Pedro recibió esa enseñanza después de la resurrección de Cristo ...

Las verdades que NO sabemos… y encima nos NEGAMOS a saber. (Parte uno)

  Escrito está, como primera obligación, en la Leyes Judías del matrimonio en la “Mitzvot o Mitzva” qué el matrimonio es para procrear y multiplicarse, y, tanto José como María, los padres terrenales de Jesús (el hombre) eran judíos (Mateo 1:16 y Lucas 3), resulta difícil creer entonces que ambos no cumplieran con ese mandamiento. Según el evangelista Mateo, José, el padre adoptivo de Jesús, cumplió esa ley con María (Mateo 1:25 y 1ª Corintios 7:3-5), de esa unión nacieron varios hijos, lo cuál narra también dando fe, Marcos, otro evangelista, quien además nos da el nombre de los hermanos de Jesús: Jacobo, llamado también Santiago (quien dirigiera el primer concilio en Jerusalén en Hechos 15:13), José, Simón y Judas, quien dicho sea de paso escribió una epístola, la cuál lleva su nombre, y, quien se identifica como hermano de Jacobo (Santiago), el hermano del Señor (Judas 1:1). Ahora bien, en aquellas épocas se acostumbraba tener dos nombres a las personas, generalmente, uno judí...

Los Escribas del Señor.

  Un escriba era una persona del pueblo de Dios que se dedicaba a estudiar, copiar y enseñar las escrituras, por lo tanto, era una persona muy respetada dentro de la comunidad. Esdras (500 años antes de Cristo), y en su tiempo los apóstoles Mateo, Marcos, Lucas y por supuesto Juan, aunque Marcos no fue un apóstol sino tan sólo un discípulo (Mateo 1:1; Marcos 1:1; Lucas 1:1-3; y Juan 11-5). A todos ellos les debemos el conocimiento que hoy se tiene de las profecías de Cristo; de su cumplimiento; y de los planes de Dios para todo aquél que quiera, de voluntad propia, seguirle y obedecerle. Cuando estudiamos las escrituras, podemos ver que si alguien fue un “elegido” para ser el escriba preferido del Señor, fue el apóstol Juan: Estuvo en todos los eventos más importantes del Ministerio: La profecía de la destrucción del Templo (Marcos 13:3; en la transfiguración (Mateo 17:1-3); fue el único que permaneció frente a la cruz en su muerte (Juan 19:26-7); estuvo presente también cuando e...

No era lo que ellos creyeron.

    Cuántas personas han caminado con nosotros durante décadas en la carrera cristiana y los hemos visto desistir en el trayecto. Personas que se veían muy entregadas y las cuales hasta fueron la mano extendida de Dios para otros. PERO, hoy los vemos a un lado de la vereda y con pensamientos que distan mucho de mostrar el haber conocido a Dios de una forma personal. ¿Cuál es la razón de ello? ¡No entendieron nunca que el Reino no es lo que ellos creyeron! Veamos un par de ejemplos: Cristo les explica a sus discípulos que es necesario ir a Jerusalén para que el Hijo del hombre sea sacrificado (levantado), pero los discípulos se niegan a eso y Pedro dice: “Señor: Nada de esto te acontezca” (Mateo 16:21-22), ¿Por qué? Porque ninguno, y menos Pedro, habían entendido nada, para ellos la muerte del Mesías significaba “más desanimo y más decepción” por seguir bajo el yugo romano. Otro ejemplo: Cristo acaba de ser sacrificado en la cruz y dos de sus discípulos, “ese mismo día” (do...

Hasta que caigan las escamas.

    Un tal Saulo de Tarso, que más tarde llegaríamos a identificarlo como el apóstol Pablo, yendo un día con suficiente odio hacia la ciudad de Damasco, con permiso de las autoridades eclesíasticas para tomar prisioneros y matar a los seguidores de Cristo (Hechos 9:1). En un momento de la caminata es confrontado por el mismo Dios, quien le pregunta ¿Saulo, Saulo… por qué me persigues? (Hechos 9:4).   Esto implica algunas lecciones: Una, Dios aún y a pesar de su grandeza, se humilla y habla con los seres humanos más pecadores. Dos, cuando elige a alguien, quizás tarde pero siempre se hace manifiesto a él. Tres, cuando lo hace (el comunicarse) da procedimientos exactos y claros para que entienda (Hechos 9:6). Cuando Saulo es llevado a Damasco en donde le visita Ananías, el profeta, es allí cuando se enteran ambos que Pablo es un “elegido”, cuando al fin se le caen las escamas de los ojos (Hechos 9:18). Cuatro, cuando Dios nos habla somos cambiados a otra persona, Sa...