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Comensales o degustadores.

      Vamos a un supermercado y casi que en cada pasillo encontramos a una señorita que nos ofrece “degustar” una bebida, unos bocadillos, un café, etc. Se hace con el fin de mostrar el producto que tienen para que luego nos convirtamos en sus comensales asiduos. Muchos probamos esos productos pero no los compramos por falta de gusto, por costos muy altos, etc. En los espiritual Dios nos da degustaciones, nos permite vivir o ver vivir a otros experiencias que son fuera de lo normal en éste mundo, como sanaciones por ejemplo. El nos dice que toca a la puerta y llama para que le sigamos (Apocalipsis 3:20). Vemos que él nos invita a que le sigamos, y, si lo hacemos no sólo nos acompañará sino que nos mostrará sus secretos (Jeremías 33:3). Nos promete qué si permanecemos con él, él permanecerá con nosotros (Juan 15:4-5). Dios no nos quiere como “degustadores” de su amor y verdades, él nos desea como “comensales” todos los días de nuestra vida aunque el proceso no nos gust...

Maldito

    Es una expresión que muchos consideran “mala palabra”, otros la consideran una palabra ofensiva, Dios por su lado, la considera como una “sentencia” por mala conducta. Veamos: En Génesis 3:17, Dios “maldice” la tierra por la mala actitud y actuación de Adán y Eva. En Mateo 25:41, Cristo nos muestra que los de la izquierda son “malditos” para toda la eternidad, por no haber sido empáticos con el necesitado y sufriente.   Y, en Apocalipsis 22:3, se nos declara que nunca más habrá “maldición” para quienes mueren en Cristo Nuestro Señor. Como lo queramos ver, maldito (Katáratos o Anatema), es una expresión que se gana por NO hacer lo correcto más que ser una expresión malcriada u ofensiva. Ahora quizás entendemos el por qué, la salvación solamente viene por Cristo y no por nadie ni nada más. El apóstol Pablo fue comisionado por el Espíritu Santo a enseñarnos lo siguiente: “El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema (o sea maldito, por no hacer lo correcto, 1ª. C...

Yo no vine para pasar pruebas

  Meditemos en un ejemplo: Nuestro hijo regresa de la universidad molesto, le preguntamos el por qué, y él nos responde: Es que el catedrádico sin decirnos nada nos hizo una prueba, y yo no fui a la universidad para pasar pruebas, yo fui porque quiero ser ingeniero. ¿Preguntamos, puede alguien llegar a ser un ingeniero, al menos medio regular, si no le hacen pruebas o exámenes para tener idea del conocimiento que está obteniendo? Bueno, esa misma condición sucede con muchos que han llegado a una congregación, y les han dicho, falsamente, que sólo por el hecho de haberse inscrito como cristianos ya se ganaron el cielo. Es por ello, el hecho que NO quieren ser probados o examinados, que muchos no terminan sus carreras espirituales. Con razón Cristo fue tan explícito con la parábola de las semillas sembradas en diferentes terrenos (Mateo 13:18-23). ¿Pretendemos algún día entrar al reino de los cielos? Bueno, entonces hemos de pasar por distintas pruebas y aflicciones (Juan 16:13 y H...

60 segundos gloriosos o peligrosos

  Es muy común, entre las personas que se reúnen en un servicio en donde se predique la palabra de Dios, que al finalizar la persona que está al frente de la reunión haga lo que se ha dado en denominar: “Un llamamiento al altar”, que no es otra situación que una invitación a declarar una oración que haga mención a que “le entregamos nuestra vida y corazón a Cristo, a partir de ese momento”. Es correcta la idea de una confesión de fe de palabra con decisión y convicción propias como lo dicen los libros de Juan 3:16-19 y Romanos 10:8-11. PERO, también esa declaración que por lo general lleva unos 60 segundos, puede llegar a dejarnos más condenados de lo que ya estábamos. ¿Por qué? Pues porque el sólo hecho de “hacerla” no nos garantiza la salvación, pues eso tan sólo es el inicio de una larga y difícil caminata (en la mayoría de personas) hacia el reino de los cielos (Juan 6:66). La vida de los profetas, de los grandes hombres de fe, de los discípulos, de los creyentes después de l...

Desperdicio.

  “Acción de no aprovechar recursos, tiempo o dinero”. Un pasaje bíblico nos dice: “Honra a Jehová con tus bienes” (Proverbios 3:9). Cuando Cristo dio de comer a cinco mil personas, al terminar dijo a sus discípulos: “Recoged lo que sobró para que no se DESPERDICIE nada” (Juan 6:12-13). Y, en las postrimerías de su ministerio exclamó: “ Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:23). Todos deseamos tener más en ésta vida, es un principio natural, y, si a eso le agregamos la presión social como lo es compartir con alguien algún bien o algún placer, como una casa con jardín grande, una granja con animalitos, una casa en la playa, etc. Pues se antoja más aún el desear tener lo mismo que otros ya tienen. Ahora bien. ¿Qué hacemos con lo que tenemos? ¿En qué estado vivimos con lo poco o mucho que Dios nos ha dado? ¿Cómo lo utilizamos o lo invertimos? ¿Qué es lo primero que hacemos o en lo primero que pensamos cuando tenemos dinero? Las respuesta...

Preguntan los niños… responden los adultos.

    En una casa familiar ¿Quiénes hacen las preguntas, los niños o los padres? En el aula de clases ¿Quiénes hacen las preguntas, los niños o los maestros? En una empresa o negocio ¿Quiénes hacen las preguntas, los empleados o los gerentes?. Hablando en términos espirituales ¿Quiénes hacen las preguntas, los neófitos o los eruditos?. Declaran las escrituras que cuando se va a dirigir a la congregación de Dios, NO lo haga un “neófito” (una persona recién ingresada o que no tiene conocimiento), pues es muy propenso a que se “envanezca” (1ª Timoteo 3:6). Ahora bien, ¿Cómo se hace para dejar de ser un neófito o falto de conocimiento? ¡Estudiando!. Con razón la misma palabra de Dios nos dice: “Escudriñad las escrituras porque allí encontraréis la verdad…. Y esa verdad os hará libres” (Juan 5:39 y 8:32). ¿Queremos dejar de ser niños, alumnos o empleados espirituales? ¡Escudriñemos las escrituras todos los días!.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Eureka, eureka

  Corría el siglo tercero antes de Cristo, cuando Hierón II gobernó Siracusa en Sicilia, quien ordenó le fabricaran una corona de oro puro, ante la sospecha que pudieran agregarle plata y robarle el restante material, le pide a Arquímides, que lo compruebe. Este, en una feliz coincidencia de las que les pasa sólo a quienes buscan algo diligentemente, descubre al meterse a bañar a su tina, que el volumen de agua que desplazó era igual a su peso. Operación que repite con la corona y una pieza de oro de similar peso. Allí, es cuando comprueba su hipótesis y se convierte en teoría. Y, es también, cuando sale desnudo por la calle gritando ¡Eureke, Eureka! (lo encontré, lo encontré). Algo material que hizo estallar de júbilo a alguien que buscó diligentemente algo hasta encontrarlo. Pregunta: ¿Hemos encontrado a Cristo…   y nos quedamos tan tranquilos? No era o es como para que salgamos y se lo contemos a todo mundo…. ¿entienda o no entienda nuestra desnudez espiritual?. Buscad y ...