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Desde niños hemos sido engañados (Parte dos).

  Crecimos, y, escudriñando las escrituras nos dimos cuenta que el cristianismo NO es una religión sino una relación íntima y personal con Dios (Juan 3:16-19 y, especialmente Romanos 10:8-11). Luego, nos congregamos con personas que creíamos tenían la misma visión nuestra de conocer, amar y servir al Señor, para, después de muchos años darnos cuenta que éramos “sojuzgados o sometidos” a los lineamientos de un grupo que se creía “privilegiado”, pero en donde estuvimos NO llamados a libertad como dijo Cristo sino a un tipo muy sofisticado de esclavitud (Juan 8:32). Pues se nos volvió a llenar de “requisitos, normas y leyes humanas” que hasta contradecían las escrituras, pero, que eran solamente un fariseísmo muy sofisticado. Ejemplos: Se nos hizo creer, que Dios podía ser agradado o comprado con dinero haciendo lo que denominaron “siembra”; se nos hizo creer que la obediencia ciega era lealdad a Dios, cuando en realidad era al hombre y a su criterio de creerse el UNGIDO de Dios y c...

Desde niños hemos sido engañados (Parte uno).

  El primer consejo que Cristo da a sus discípulos, y, a nosotros a través de ellos es: “Mirad que no seáis engañados” (Mateo 24:4; Marcos 13:5; y Lucas 21:8). Pues bien, iniciemos: Desde niños nos enseñaron que Dios vivía entre cuatro paredes, cuando la escritura es clarísima: “Dios NO habita en templos hechos de manos humanas, sino que NOSOTROS somos el templo” (1ª. Corintios 3:16). También se nos enseñó qué: “El Bautismo es el Sacramento INSTITUIDO por Jesucristo para REGENERARNOS. Mediante él nacemos a una nueva vida, A LA DE HIJOS de Dios”, pues nacimos con el pecado original por culpa de Adán (Historia de la Iglesia, 3er curso, página 16, Editorial Edelvives, 1965). Para prueba de lo que nos dijeron nos bautizaron de niños, porque así, si moríamos en esa corta edad ya no iríamos al infierno (esto NO nos lo contaron lo vivimos en carne propia); cuando la escritura dice que “solamente” por Cristo somos salvos (Juan 3:16) Preguntas: ¿Cómo pudo Cristo instituir el bautismo, si ...

El ya sabìa quien era.

    Ha habido gran debate entre quienes seguimos a Cristo, sobre cuándo él se entera de quién era y a qué había venido al mundo. Las escrituras son exageradamente claras a ese respecto cuando las estudiamos o las analizamos, no sólo cuando las leemos o escuchamos ligeramente. Veamos, Un ángel se le presenta a María diciéndole los planes de Dios, o sea, en pocas palabras, María sabía qué clase de persona era a quien iba llevar en gestación en su vientre (Lucas 1:30-32). José, recibe un mensaje en sueños que le indica quién es el niño que María lleva dentro y de dónde procese (Mateo 1:20). Al presentar al niño en el Templo, dos personas dan testimonio de quién es ese niño: Un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana, quien era profetiza (Lucas 2:22-40), situación que Jesús tuvo que haberse enterado al ir creciendo. Por si eso no fuera suficiente testimonio, se nos narra el pasaje en el cuál, a sus escasos 12 años, el niño asombra a los ancianos de la Ley en el Templo...

Si es selección divina… Entonces ¿El libre albedrío?

  Ayer vimos que es Dios quien entrega en manos de Cristo a quienes él ha “seleccionado” (Se ve en Abraham, Josué 24:1-4; en Jacob, Romanos 9:13; en el pueblo de Israel,   Malaquías 1:2-3; en Moisés; Exodo 3:1-10; en los reyes del pueblo unido de Israel Saúl, David y Salomón, 1ª Samuel 9:10, 1ª Samuel 16:12-13 y 1ª Crónicas 22:9-10 respectivamente; y, hasta en Judas, Juan 17:12. Entonces surgen las dudas: ¿Si es Dios quien nos elige, por qué o para qué oramos o intercedemos por otros que no van a ser salvos? ¿En dónde queda el libre albedrío tan famoso en las escrituras?. Veamos algunas escrituras: “Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno (el que quiere, libre albedrío) oye mi voz, yo cenaré con él” (Apocalipsis 3:20); veamos otro verso: “Dios, ha dado a su Hijo para que todo aquél que en él crea (el que quiera, libre albedrío) sea salvo” (Juan 3:16). Otro más, “al ver lo duro de la palabra, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no andaban con él” (Juan 6:66). Entendamo...

Entonces: ¿Es libre albedrío o elección divina?

  Vaya pregunta que por años nos hemos hecho, y por siglos la humanidad. Seguimos a Dios por voluntad propia o le seguimos porque él nos eligió (aunque en éste último caso muchos hayan dispuesto que entonces somos marionetas en sus manos). En lo personal y respaldado por las escrituras y algunas experiencias (que, reconocemos, son nada a la luz de la eternidad), vemos que es por “selección divina”, veamos pruebas: Abraham, es “seleccionado divinamente” estando en Ur de los Caldeos como un gentil para ser el padre de la nación Judía (Génesis 12:1-5 y Josue 24:1-4). Dios declara: A Jacob amé, y a Esaú aborrecí (selección divina) (Malaquías 1:2.3 y Romanos 9:13). Dios en “selección divina” elige por sobre todos los pueblos a Israel (Malaquías 1:2). Moisés es por “selección divina” enviado a sacar de la esclavitud al pueblo de Israel en Egipto (Exodo 3:1-10). Por “selección divina”, fueron tres los reyes del reino unido de Israel: Saúl (1ª. Samuel 9:10); David (1ª. Samuel 16:12-13); ...

Qué quieres que te haga.

    Durante toda la escritura vemos un patrón muy lindo en la relación que Dios desea tener con el ser humano. ¡Siempre! Él pregunta, ¿si deseamos o no?. Jamás impone, pudiéndolo hacer. Veamos: Cristo se encuentra con un ciego en Jericó, y le hace una pregunta que resulta un poco irónica: ¿Qué deseas que te haga?, por simple lógica uno piensa, pues que recobre la vista, pero el hecho en sí, es para demostrarnos que Él nunca hará algo que nosotros no queramos que haga con nosotros. No porque él no tenga capacidad de hacerlo sino porque no es su intención hacerlo. Alguien preguntará aquí: ¿Entonces porque nos vienen sufrimientos sin que nosotros los pidamos o autoricemos? Eso es sencillo de responder si realmente le conocemos: “Porque es parte del proceso de los ELEGIDOS” (Juan 6:44), veamos algunos pasajes de las escrituras: Hechos 14:22: “Por MUCHOS padecimientos es necesario entrar al reino de los cielos”. Otro más, Mateo 16:24: “TOMA tu cruz y sígueme”. Y un último, Juan...

Hubo oscuridad.

    La forma de dividir el día desde el punto de vista de Israel era poner como hora primera, las seis de la mañana, cuando aclaraba el día. Así, cuando las escrituras nos hablan de la hora “sexta” durante la crucifixión de Cristo, entendemos que se referían al medio día, y que la hora novena eran las tres de la tarde (Mateo 27:45-54). Se nos narra también, que durante esas tres horas hubo oscuridad sobre toda la tierra (mismo verso). ¿Qué significado tiene esa oscuridad? Veamos, al principio, en lo material, lo vemos en Génesis (1:1), la tierra estaba no sólo desordenada sino en oscuridad. En lo espiritual, nosotros cuando no tenemos un conocimiento (no nos referimos a algo vago sino a tener una relación personal con Dios), estamos también en tinieblas, el mundo es el mejor ejemplo de ello. En el principio una palabra de Dios hizo que las tinieblas desaparecieran de la tierra; curiosamente el hombre fue creado de esa tierra, y, el hombre vio la luz con las palabras de Cri...