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Señor: Danos la gracia para dejar de ser asì.

    En el libro del Exodo del pueblo de Dios (Israel) hacia la tierra prometida, vemos muchas lecciones importantes para nuestra caminata personal con Cristo. Pues él nos saca del mundo (Egipto) para llevarnos a la tierra prometida (Su Reino). En una de tantas anécdotas que se nos narra en ese camino en el desierto vemos una queja de los israelitas: “Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos” (Exodo 16:3). El pueblo estaba “cansado” de estar protegido del calor del día y del frìo de la noche en el desierto; estaba “cansado” de saborear el milagro del manà caido del cielo… y entonces se quejan. No pudieron entender en 40 años la “visión y la fe de su líder Moisès, quien se mantenía como viendo al invisible” (Hebreos 11:27). ¿Cuàntas veces hemos nosotros sido como ese pueblo? ¿Cuàntas veces dejamos en claro con nuestras actitudes lo que ese pueblo le daba a entender a Dio...

Ninguno nace sólo para ser enterrado.

    Adàn… multiplícate y sojuzga la tierra (Gènesis 1:22); Abraham… y harè de tì una gran nación (Gènesis 12:2); Moisès…te enviarè a Faraòn para que saques a mi pueblo de Egipto (Exodo 3:10); Cristo… saldrá una vara del tronco de Isaì, y un vàstago retoñarà sus raíces… para salvar a mi pueblo (Isaìas 11:1). Judas… el cumplimiento de Zacarìas 11:12 que dice: “Si te parece bien, dad mi paga como salario, 30 piezas de plata”. ¡Nadie, escuchemos bien, nadie, viene a èsta tierra solamente para ser enterrado!. Todos tenemos una tarea en los planes de Dios. Creamos o no creamos en Dios, estamos dentro de sus planes como las líneas del tren están en los planes de los dueños de compañías de tren. Ellos (los dueños de los trenes), saben en dónde deben pasar y en donde no; saben por què deben pasar o por què no; saben la hora perfecta en la que deben pasar y en la que no. Asì somos nosotros en la mano de nuestro alfarero… él sabe para què oficio nos está diseñando. Selah.   ...

Las malas palabras… ¿Segùn quién?

    Hemos conocido en el camino del Señor fariseos de fariseos, conocimos a uno que para él cualquier palabra fuera de tono era una “mala palabra” que no debía pronunciarse en público, y menos desde un pùlpito, como por ejemplo “nalga; estùpido o maldito”. Sabìa usted que en la escritura se menciona que el rey de Asiria llevarìa con las “nalgas al desnudo” a los cautivos (Isaìas 20:4). Sabìa usted que en hebreo las palabras Nabal y Kesil que se traducen como “insensato” significan estùpido y necio (1ª Samuel 25:25 y Salmo 92:6, 107:17 y Proverbios 1:7); Sabìa usted que Cristo dijo que los “malditos” serán echados al fuego eterno (Mateo 25:41-46). Ahhh, pero esos fariseos, son los primeros en “descalificar” a una oveja que primero le de ofrendas a los papás que a él, cuando Cristo señaló a los fariseos antiguos dicièndoles: “Pero vosotros (los religiosos) decìs: “Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbàn (mi ofrenda a Dios) todo aquello con lo que pudiera ay...

Cuàndo dejamos la autocompasión.

    Todos en algún momento de la vida cometemos el error de la “autocompasión”. Es muy fácil darnos cuenta de ello. Alguien nos cuenta que pasó mala noche, y en lugar de preguntarle cuál pueda haber sido el motivo; que cómo se siente; que en què podemos ayudar… la respuesta es: ESO NO ES NADA; TE COMPRENDO… porque, a mì me duele esto; aquello; el otro día me pasó tal cosa; tengo una prima que padece lo mismo y no se le quita con anda, etc. NO hemos aprendido a ESCUCHAR, sólo nos gusta que nos escuchen. Estudiando las escrituras, podemos encontrar la solución a èste problema: “Todos los elegidos de Dios NO tienen otra opción que hablar con Dios”, vea el caso de Elìas, quien creyó ser el ùnico (1ª Reyes 19:10); vea el caso de Ezequiel, quien no pudo llorar su dolor más grande (Ezequiel 24:15-18); el caso de Jeremìas fue el único profeta de su tiempo que profetizò cautiverio, por 23 años lo hizo, y nadie le creìa (Jeremìas 25:1-3). Cuando alguien nos cuente sus penas ESCUCHEM...

Señor: ¿Por què camino sólo?

  Cuàntas veces alguien se ha preguntado: ¿Señor, por què camino sólo? Es por dos razones: Una, porque NO ha entendido que es un “elegido”; y dos, porque NO ha entendido que el camino es estrecho (Mateo 7:13-14). El camino es “estrecho” porque el único camino es “Cristo”, él mismo lo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Y, ese camino NO es fácil, porque implica algo que TAMPOCO se ha entendido: “El que NO toma su cruz y me sigue….NO es mi discípulo” (Mateo 10:38). Y ¿Por què NO se ha entendido ese mensaje TAN claro y sencillo?   Por la misma razón del rechazo a Cristo hace dos mil años: “Porque los mercaderes han convertido la casa de oración en un comercio”, y, en ese sentido, engañan a las ovejas diciéndoles que “media vez entren al cuerpo de Cristo, sus problemas se acabaràn”. ¡MENTIRA!, Cristo dijo: “En el mundo tendréis tribulación” (Juan 16:33); más adelante el apóstol Pablo dice: “Què nos separarà de Cristo…tribulación, angustia, persecuciòn, ham...

Remordimiento.

  Remordimiendo significa: “Pesar interno que queda después de realizar lo que se considera una mala acción”. La escritura nos muestra varios momentos de “remordimiento” que NO es lo mismo que “arrepentimiento” en la vida de las personas. Veamos, algunos casos: Los hermanos de Josè, cuando 15 o 20 años después de haber vendido a Josè, lo encuentran en Egipto y tienen “remordimiento” porque saben que “por haber actuado mal, ahora, estaban pasando grandes angustias (Gènesis 42). Vemos a un Pedro, con “remordimiento” porque lo que le dijo su Señor que iba a pasar pasó, y esa misma noche le había negado Mateo 26). Vemos a Judas, con gran “remordimiento” porque había vendido a su Señor (Mateo 26). Ahora bien, ELLOS, no eran la excepción a la regla… como tampoco lo somos nosotros. Cada vez que hacemos algo “indebido”, la vida y las consecuencias se encargan de hacernos “recordar” lo que hicimos, por què lo hicimos, para què lo hicimos… y sobre todo, que mejor NO lo hubiéramos hecho. Me...

Mejor no lo recitemos.

  “Padre nuestro que estàs en el cielo…hàgase TU voluntad asì en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9-13). Cada vez que REPETIMOS el llamado “Padre Nuestro”, asì como reconocemos que él está mucho más alto que nosotros, y, por ello decimos: “Que estàs en los cielos”; también reconocemos su soberanía, por ello decimos: “Hàgase TU voluntad asì en los cielos como en la tierra”. Ahora bien, si cada vez que vivimos un evento “desagradable” para nosotros, pero “planificado” por èl precisamente para nosotros; si realmente creemos que SU palabra es la verdad y que nos prometió “Que todo lo que nos suceda es para nuestro bien” ¿Por què, nos quejamos? Sì vamos a declarar el Padre Nuestro con fe, entonces, ACEPTEMOS lo que nos viene, sea esto, un poco desagradable por un tiempo. O, de lo contrario, dejemos de declararlo.   Señor: Danos un honesto celo por tu casa