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Se oye bonito… pero nada más.

  Alquien nos dice: La familia de sutano tuvo un accidente, el esposo falleció; la esposa está grave en el hospital; y los niños están ahora mismo donde una tìa porque no hay quien los cuide. Y pronto escuchamos: “Hay que orar por ellos”, o “Vamos a orar por ellos”. ¡Se oye tan bonita la expresión!. Pero, días después preguntamos cómo siguió la familia de Don fulano, y la respuesta es ¿quiènes?. ¿Por què pasa eso? Porque esas palabras se oyen BIEN BONITAS, pero pocos las cumplen. La intercesión no es un ministerio que salga en las páginas de los diarios ni en los noticieros de televisión… pero es un ministerio importante. Y es un ministerio mejor llevado que muchos de pùlpito, en donde la deshonra a Dios es mucho pero mucho más fácil que suceda. No digamos a la ligera ORAREMOS, o HAY QUE ORAR, si no estamos dispuestos a hacerlo o sólo se lo vamos a encargar a otro. Eso es una doble moral; es un fariseísmo descarado; es un engaño a nuestra espiritualidad, y, a la de los demás. Si ...

Entonces… ¿Para què lo dijo?

    Desde el siglo 4º de nuestra era a estos días, hay una insistencia que ya se volvió creencia: “Si usted no se reúne entre cuatro paredes, usted NO pertenece a la Iglesia de Dios”. ¿Sabìa usted que durante 312 años aproximadamente, TODA persona que declaraba públicamente que seguía a Cristo; que se decìa era cristiano; que era creyente en lo que NO fuera una tendencia politeísta (seguir a muchos dioses)…ERA ASESINADO por el Imperio Romano? ¿Sabìa usted que aún hay evidencias que en las catacumbas eran los lugares “escondidos” en donde se reunían los creyentes? ¿Sabìa usted que en los 40 dìas luego de la resurrección, ni Cristo ni los discípulos asistieron a sinagoga alguna? Quizàs, y tan sólo decimos quizás, por ello el Señor nos dejó escrito: “Acercaos confiadamente al trono de misericordia” (Hebreos 4:16). Y, para acercarnos “confiadamente” a ese trono NO necesitamos reunirnos con dos o tres mil personas entre cuatro paredes, pues Dios está en todos lados. Ese trono d...

Los Sherpas.

    Una de las metas más codiciadas por los alpinistas es poder escribir su nombre en el libro que lleva la cuenta de quién ha podido llegar a la cumbre del Monte Everest en la Cordillera del Himalaya, con sus impresionantes 8,848 metros de altura, no son muchos los que lo han logrado. Para poder alcanzar la cumbre, un alpinista debe entrenar muchos años, invertir muchos recursos, y contratar un guía, esos guìas se llaman Sherpas. ¿Sabìa usted que hay Sherpas que han subido la montaña casi cien veces, y que sus nombres son desconocidos?. Bien, el punto al que queremos llegar es el siguiente: En lo espiritual estamos llamados a escalar al reino de los cielos (Colosenses 3:2); pero, para poder alcanzar esa cumbre necesitamos invertir muchos recursos y sacrificar mucho (nuestro yo), y, elegir un guìa (nuestro Sherpa espiritual). Ahora bien, subiendo el Everest en la medida que elijamos al mejor guía (Sherpa) estaremos más seguros en la caminata. En lo espiritual, ese guía se ll...

Señor: Danos la gracia para dejar de ser asì.

    En el libro del Exodo del pueblo de Dios (Israel) hacia la tierra prometida, vemos muchas lecciones importantes para nuestra caminata personal con Cristo. Pues él nos saca del mundo (Egipto) para llevarnos a la tierra prometida (Su Reino). En una de tantas anécdotas que se nos narra en ese camino en el desierto vemos una queja de los israelitas: “Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos” (Exodo 16:3). El pueblo estaba “cansado” de estar protegido del calor del día y del frìo de la noche en el desierto; estaba “cansado” de saborear el milagro del manà caido del cielo… y entonces se quejan. No pudieron entender en 40 años la “visión y la fe de su líder Moisès, quien se mantenía como viendo al invisible” (Hebreos 11:27). ¿Cuàntas veces hemos nosotros sido como ese pueblo? ¿Cuàntas veces dejamos en claro con nuestras actitudes lo que ese pueblo le daba a entender a Dio...

Ninguno nace sólo para ser enterrado.

    Adàn… multiplícate y sojuzga la tierra (Gènesis 1:22); Abraham… y harè de tì una gran nación (Gènesis 12:2); Moisès…te enviarè a Faraòn para que saques a mi pueblo de Egipto (Exodo 3:10); Cristo… saldrá una vara del tronco de Isaì, y un vàstago retoñarà sus raíces… para salvar a mi pueblo (Isaìas 11:1). Judas… el cumplimiento de Zacarìas 11:12 que dice: “Si te parece bien, dad mi paga como salario, 30 piezas de plata”. ¡Nadie, escuchemos bien, nadie, viene a èsta tierra solamente para ser enterrado!. Todos tenemos una tarea en los planes de Dios. Creamos o no creamos en Dios, estamos dentro de sus planes como las líneas del tren están en los planes de los dueños de compañías de tren. Ellos (los dueños de los trenes), saben en dónde deben pasar y en donde no; saben por què deben pasar o por què no; saben la hora perfecta en la que deben pasar y en la que no. Asì somos nosotros en la mano de nuestro alfarero… él sabe para què oficio nos está diseñando. Selah.   ...

Las malas palabras… ¿Segùn quién?

    Hemos conocido en el camino del Señor fariseos de fariseos, conocimos a uno que para él cualquier palabra fuera de tono era una “mala palabra” que no debía pronunciarse en público, y menos desde un pùlpito, como por ejemplo “nalga; estùpido o maldito”. Sabìa usted que en la escritura se menciona que el rey de Asiria llevarìa con las “nalgas al desnudo” a los cautivos (Isaìas 20:4). Sabìa usted que en hebreo las palabras Nabal y Kesil que se traducen como “insensato” significan estùpido y necio (1ª Samuel 25:25 y Salmo 92:6, 107:17 y Proverbios 1:7); Sabìa usted que Cristo dijo que los “malditos” serán echados al fuego eterno (Mateo 25:41-46). Ahhh, pero esos fariseos, son los primeros en “descalificar” a una oveja que primero le de ofrendas a los papás que a él, cuando Cristo señaló a los fariseos antiguos dicièndoles: “Pero vosotros (los religiosos) decìs: “Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbàn (mi ofrenda a Dios) todo aquello con lo que pudiera ay...

Cuàndo dejamos la autocompasión.

    Todos en algún momento de la vida cometemos el error de la “autocompasión”. Es muy fácil darnos cuenta de ello. Alguien nos cuenta que pasó mala noche, y en lugar de preguntarle cuál pueda haber sido el motivo; que cómo se siente; que en què podemos ayudar… la respuesta es: ESO NO ES NADA; TE COMPRENDO… porque, a mì me duele esto; aquello; el otro día me pasó tal cosa; tengo una prima que padece lo mismo y no se le quita con anda, etc. NO hemos aprendido a ESCUCHAR, sólo nos gusta que nos escuchen. Estudiando las escrituras, podemos encontrar la solución a èste problema: “Todos los elegidos de Dios NO tienen otra opción que hablar con Dios”, vea el caso de Elìas, quien creyó ser el ùnico (1ª Reyes 19:10); vea el caso de Ezequiel, quien no pudo llorar su dolor más grande (Ezequiel 24:15-18); el caso de Jeremìas fue el único profeta de su tiempo que profetizò cautiverio, por 23 años lo hizo, y nadie le creìa (Jeremìas 25:1-3). Cuando alguien nos cuente sus penas ESCUCHEM...