No me cuelgue por favor.
Contaremos esto como una anécdota y un ejemplo no como un
reclamo, pues es muy probable que quien nos hizo esto, también lo lea. Hace
unas semanas alguien nos llamó para ministración, pero durante la misma,
recibió una llamada internacional, por lo que nos dijo: “Por favor no me
cuelgue, ahorita seguimos”, el punto es que pasaron los minutos y la
conversación nunca se reanudó, por lo que tuvimos qué cerrar la llamada. ¿Cuál
es el punto? El punto es que muchas pero muchas veces nosotros hacemos lo mismo
con Dios. Iniciamos una conversación con él, nos interrumpen, y le decimos:
“Señor, no me cuelgues, pero la realidad es que lo dejamos en la línea sin un
final”. Dios quiere hablarnos (Deuteronomio 28:1); Dios quiere tener común
unión con nosotros para mostrarnos sus planes (Jeremías 31:1 y 33:3).
Procuremos tener un tiempo a diario con Dios, de la misma forma que necesitamos
comer todos los días más de una vez, así mismo necesitamos comunicarnos con
nuestro Dios más de una vez al día.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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