Tranquilandia.

 


 

Así denominaba un famoso narcotraficante del sur de América a su zona de confort, en donde preparaban la droga para distribuirla al mundo. Hoy, no existe él; no hay nadie que habite el lugar, y, tanto la zona como la localidad están desiertas. Al escuchar tranquilandia, la mente luego vuela a pensar que es un lugar de paz, y, ¿quién no desea eso en su vida?  Sin embargo, el producir, distribuir, consumir drogas o tener cualquier otro vicio o práctica no pueden traer paz a nuestra vida. La única forma en que podemos tener paz es siguiendo a Cristo. El nos dejó la semilla plantada: “En el mundo tendréis aflicciones, angustias, problemas, sin sabores, PERO, no temáis, YO estaré con vosotros, y YO he vencido al mundo” (Juan 16:33). Sí, solamente hay una forma de tener paz y tranquilidad en éste mundo, y es teniendo una comunicación diaria y directa con Cristo. Levantarnos y acostarnos platicando con él; leer las escrituras; tener común unión con personas que lo aman, servir al prójimo; estar pendientes los unos de los otros en amor y sin intereses mezquinos, eso nos da paz en éste mundo. Eso es sí es vivir en Tranquilandia.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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