Todo lo que trajo consigo una simple pregunta.
Hace unos días preguntamos a alguien: ¿Por qué ya no
asistes a la Iglesia? Su respuesta fue ésta: Desde niño fui engañado a que el
Santísimo vivía entre cuatro paredes a las cuales llamaban Iglesia, para
enterarme más adelante que Dios habita dentro de mí. Luego entre esas cuatro
paredes fui traicionado; más tarde entre esas cuatro paredes, por una
obediencia extrema y ciega, lastimé a mis hijos de una forma que ellos no se merecían;
entre esas cuatro paredes fui juzgado y sentenciado sin tener la mínima
oportunidad a una digna defensa; más adelante, pagué económicamente la lección
más cara de mi vida, bajo la tutela de un asalariado. Entre esas cuatro paredes
me convertí en un fariseo empedernido creyéndome mejor que otros porque hacía o
dejaba de hacer lo que otros no. Entre esas cuatro paredes fomentaron el daño
que aún padece mi matrimonio. Y ¿todo eso para qué?. Para enterarme que las
escrituras decían que de esas mismas cuatro paredes que decían llamar Iglesia,
habían “expulsado” hace dos mil años atrás, al hombre más santo que jamás haya
pisado ésta tierra (Lucas 4:29-31), situación que se repetirá en un futuro MUY
cercano con todos aquellos que le sirvan en espíritu y verdad (Juan 16:2). Con
razón SU Padre había declarado antes: “El que hizo todas las cosas NO habita en
templos (entre cuatro paredes) hechos de manos humanas” (Hechos 17:24-25 e
Isaías 42:5). Moraleja: ¡Todo el apocalipsis (revelación) que trajo consigo…
una simple pregunta!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario