Somos tan necios… que ni viendo milagros.


Hay un verso en las escrituras que reza: “La necedad está ligada al corazón del hombre” (Proverbios 22:15). ¿Qué significa esa necedad? Resumiéndola es: “Actuar con imprudencia, sin razonar acerca de lo que hacemos o decimos”. Pues bien, toda la humanidad estamos ligada a ésta triste situación. Veamos un caso bíblico muy claro y triste a la vez. En el libro de Mateo, en el capítulo 17 se nos narra la escena en la cuál Cristo es transfigurado, o sea, muestra toda su gloria delante de los ojos de tres de sus más cercanos discípulos, Pedro, y los hermanos Jacobo (también llamado Santiago) y Juan, allí, en el Monte Tabor en Galilea, al norte de Israel. Estos tres discípulos son testigos de algo extraordinario que sería “suficiente” para uno darse cuenta de quién era el hombre al que seguían. Sin embargo, cuando éste hombre es crucificado y asesinado, las escrituras señalan que Pedro y Juan al llegar al sepulcro y verlo vacío, NO entendieron qué era lo que había sucedido (Juan 20:3-23); otros discípulos fueron más incrédulos aún, pues volvieron a sus casas decepcionados (Lucas 24:13-35). Uno se pregunta: ¿Cómo es posible que habiendo visto la gloria de Dios reflejada en ese hombre 6 días antes, no creyeran? La respuesta es simple: “La necedad ligada a nuestro corazón, o sea, cuando no razonamos, es muy difícil que entendamos algo”. Nosotros vemos milagros en otros y en nosotros mismos, y, aún así, todo el tiempo andamos dudando de Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.    

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