Sin desierto… no hay ministerio.
Cuando se entra en el campo del cristianismo, el exceso de
entusiasmo nos hace creer que tenemos un “ministerio inmediato”. Es más, muchos
de los líderes que nos llevaron a los pies de Cristo, nos incitan a no sólo
creerlo sino mencionan versículos para incitarnos: “Nadie tenga en poco tu
juventud” palabras que el apóstol Pablo le dijera a Timoteo (1ª Timoteo 4:12).
Y esa palabra NO es mentira, pero, fue una palabra “directa” para Timoteo en
ese momento. El punto es qué: Sí, somos llamados a algún ministerio pero el
lograr cumplirlo a cabalidad no sólo depende de que queramos hacerlo, ir, y
hacerlo. Un buen ministerio se logra realizar solamente con preparación, lo
vemos en Moisés (40 años en el desierto cuidando ovejas ajenas… para luego
guiar al pueblo; Hechos 7:30); Juan el Bautista pasó muchos años en el desierto…
preparándose para presentar a Cristo (Juan 1:1-3); Cristo pasó 40 días en ayuno
en el desierto… antes de iniciar su ministerio (Mateo 4:1-2); el apóstol Pablo
pasó entre 13 y 14 años en arabia, transformando su doctrina religiosa al
evangelio que recibió “directamente” de Cristo… para luego ser apóstol a los
gentiles (Gálatas 1:12). Ciertamente, todos tenemos una misión o un ministerio
que realizar, pero hasta que logramos tener la preparación y la revelación de
Dios, lo podemos y debemos realizar pues no se trata de ímpetu, de deseo
desenfrenado, se trata de ser guiado por el Espíritu de Dios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
Comentarios
Publicar un comentario