No miremos hacia fuera… miremos hacia dentro
Cuando estamos en angustias, en la gran mayoría de
ocasiones, es hasta cuando nos atrevemos con toda “desvergüenza” a pensar en
Dios. Cuando estamos acomodados sólo pensamos en cubrir nuestras necesidades,
gustos o caprichos. Y, en esa situación, “justificamos” lo que hacemos para no
dejar de hacerlo. Un excelente ejemplo de la justificación y sus consecuencias
la vemos en los fariseos del Sanedrín, persiguiendo a Cristo y dicíéndole: “No
sabemos quién eres tú, nosotros somos hijos de Abraham” (Juan 8), dicho sea de
paso NINGUNO de ellos fue salvo según las escrituras (Marcos 14:53-55). Adán y
Eva, miraron para fuera a quién culpar de sus errores, justificándolos (Génesis
3). Pareciera una ley de la naturaleza, que cuando nos va mal buscamos “fuera”
para ver quién es el culpable de nuestra situación, cuando en realidad lo que
debiéramos hacer es ver hacia “dentro”, pues los culpables de “esa” situación
somos nosotros, ya sea, por malas decisiones, inocencia, ignorancia, necedad,
motivos ocultos, o autoengaño.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
Comentarios
Publicar un comentario