La vida nos da respuestas.

 


Cuántas veces no hemos dicho palabras de las cuales al poco tiempo nos arrepentimos por haberlas dicho con cólera, resentimiento, o, a la ligera. Los abuelos acostumbraban decirnos: “El que escupe al cielo, le cae en la cara”. En indefinidas ocasiones hemos visto como en estado hepático decimos algo, y al poco tiempo, somos avergonzados porque se evidencia nuestra necedad o falta de gratitud. Y, como también decían los abuelos: “Nos tenemos que tragar nuestras palabras”. Es muy extraño, pero hasta que la vida nos da las respuestas, nos damos cuenta de algo que pudimos ver o entender, si hubiéramos escuchado a alguien o actuado más sensatamente. En las escrituras vemos casos como el de Nabal, el esposo de Abigaíl, pues en su necedad NO reconoció lo que David hizo por él, y Dios le quitó sus bienes, su esposa y hasta la vida (1ª. Samuel 25). Sí, siempre, la vida nos da las respuestas que quizás, no quisimos escuchar de otras personas. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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