Desde niños hemos sido engañados (Parte final).
Miremos la perspectiva de Dios. En el Antiguo Testamento es
Dios Padre quien trata con el hombre: Se le apareció a Abraham (Génesis 18:1-33);
se le apareció a Jacob (Génesis 28:10-17); se le apareció a Moisés (Exodo
3:2-6); se le apareció a Josué (Josué 5:13-15). Luego, envía a su Hijo para que
durante 3 años y medio, sea quién guíe a SU pueblo a sus fines (vea los 4
evangelios). Preguntamos: ¿Después de 4 mil años de historia y de trabajos
“personalizados” con la humanidad y con SU pueblo, iba Dios a dejar en manos de
un hombre la continuidad de ese trabajo, o preferiría dejárlo en manos del
Espíritu Santo? Dejemos que las escrituras respondan solas para NO meter las
manos: Cristo les dice a sus apóstoles: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá
a vosotros” (Juan 16:7). Otra pregunta: ¿Si el Consolador había de VENIR, por
simple lógica NO estaba entre ellos, verdad? Por lo tanto NO podía ser un
hombre. Otra más: ¿Iba a permitir que el final, que era lo más importante, la
conclusión de tanto trabajo lo terminara un hombre falible en lugar del
Espíritu Santo que también es Dios? Desde niños… nos han engañado.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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