Desde niños hemos sido engañados (Parte dos).

 


Crecimos, y, escudriñando las escrituras nos dimos cuenta que el cristianismo NO es una religión sino una relación íntima y personal con Dios (Juan 3:16-19 y, especialmente Romanos 10:8-11). Luego, nos congregamos con personas que creíamos tenían la misma visión nuestra de conocer, amar y servir al Señor, para, después de muchos años darnos cuenta que éramos “sojuzgados o sometidos” a los lineamientos de un grupo que se creía “privilegiado”, pero en donde estuvimos NO llamados a libertad como dijo Cristo sino a un tipo muy sofisticado de esclavitud (Juan 8:32). Pues se nos volvió a llenar de “requisitos, normas y leyes humanas” que hasta contradecían las escrituras, pero, que eran solamente un fariseísmo muy sofisticado. Ejemplos: Se nos hizo creer, que Dios podía ser agradado o comprado con dinero haciendo lo que denominaron “siembra”; se nos hizo creer que la obediencia ciega era lealdad a Dios, cuando en realidad era al hombre y a su criterio de creerse el UNGIDO de Dios y con el tiempo nos dimos cuenta que más bien era el URGIDO de Dios. Se nos hizo creer que donde se reúnen dos mil o tres mil allí está Dios, cuando Cristo dijo dos o tres. La iglesia primitiva, aquella cuyo fundamento fue Cristo (no ningún hombre), se realizaba en casas particulares, en familia (Romanos 16:5; Colosenses 4:15; Hechos 2:46-7; y 5:42), NO en templos hechos de manos humanas, los cuales sea dicho de paso, NO le agradan a Dios y él fue claro en decirlo “NO HABITARÉ EN ELLOS” (Hechos 17:24). Cristo dijo: “Entra en tus aposentos, y allí, en lo secreto derrama tu corazón ante el Padre (parafraseado) (Mateo 6:6). “Mirad que NO seáis engañados”, HOY, está tan vigente como hace 20 siglos y haciendo el mismo daño.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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