Mijo, diga buenos días.
Pregunta: ¿A quién le dice un padre?: “Mijo, diga buenos
días… a un hijo infante, o, a un hijo ya mayor”. Lógico, al infante, y, si éste
ha sido bien educado, cuando llega a mayor ya no se le tiene que volver a decir.
Si esa situación NO sucede, entonces estaríamos ante uno de dos caminos: O,
nosotros como padres no supimos educar, o, sí educamos, pero el infante no
quiso aprender. Entonces, en el plano espiritual preguntamos: ¿Si como
pastores, como líderes responsables educamos a las ovejas a que compartamos (con
el necesitado) de lo mucho o poco que Dios nos ha dado como lo explica la
escritura, cuando las ovejas son recién convertidas (infantes)? (2ª Corintios
9:7). ¿Cuál es la razón, para que en cada reunión el punto principal de la
misma no sea la palabra de Dios sino “la chequera, el dinero, las promesas de
fe económicas”, etc. Simplemente quedan estas opciones: O el líder no supo
enseñar, o la oveja no supo aprender, o peor aún… hay intereses ocultos de
alguien, que definitivamente, NO es la oveja. Y alguien confrontará con lo
siguiente: Entonces, ¿Cómo se pagan los gastos? Respuesta: “Es que NO hay
necesidad de gastos si la Iglesia se hace como primitivamente fue fundada (no
el comercio que es hoy), en casas, en grupos pequeños, en donde el líder da “de
gracia lo que de gracia recibió de Dios”, y que conste que son palabras del
mismísimo Hijo de Dios (Mateo 10:8). En un lugar en donde le digan: Hijo, dé
dinero; Dios le diría: “Mijo huya de Babilonia porque será destruida” (Jeremías
51:45).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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