Orar o interceder no necesita tiempo… necesita actitud.

 


Muchos creyentes no oran por nadie, ni por ellos mismos… hasta qué, quieren algo, necesitan algo o les urge algo. Ignoramos a Dios muchos días de nuestras vidas, nos levantamos y salimos corriendo tras los afanes, HASTA QUE, algo sucede. Y cuando es así, entonces queremos orar y que Dios nos responda PRONTO. Nosotros lo hemos hecho esperar a él toda la vida, queriendo él hablarnos (Deuteronomio 28:1 y 2ª Crónicas 16:9), pero nosotros queremos respuestas “instantáneas”, y como no las tenemos asumimos que él no nos escucha. Tanto así, que recurrimos a otros para que sean “intercesores” por o para nuestra causa. No es malo bajo ningún punto de vista el pedir ayuda, de hecho, las escrituras nos llaman a orar e interceder unos por otros (Santiago 5:16b). Pero, Dios nos ha provisto de la capacidad de poder hablarle directamente (Hebreos 4:16). Preguntamos: ¿Quién, conociendo al presidente de la república, va y pide a la mamá de éste, que interceda por él? Tenemos que entender, orar no es cuestión de tiempo (pues podemos hacerlo en cualquier lugar, Juan 4:21), es cuestión de ACTITUD. Querer hacerlo por nosotros mismos primero, para estar bien con Dios, y luego por otros para ser escuchados.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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