El típico fariseo.

 


En el primer contacto que Cristo tiene con los fariseos les declara: “Vosotros no dais frutos de arrepentimiento”. Un fariseo, ofende, lleva una doble vida, no sirve a los demás… y no da muestras de arrepentirse (Mateo 3:8). Un fariseo, no honra a quien debe sino a quién él quiere honrar (Mateo 15:6). Un fariseo, cree, que por estar en la cátedra de Moisés, es superior a los demás (Mateo 23:2). Un fariseo, dice pero no hace, por eso Cristo declaró: “Haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen” (Mateo 23:4). Un fariseo, cuando alguien le hace algo que el propio fariseo cree ofensivo, malo o desagradable… espera un castigo inmediato o severo sobre esa otra persona (Juan 9:1-3). Un fariseo, sea varón o hembra, primero obedece a sus líderes o a la orden a la que pertenece, que a quien tiene qué obedecer o cuidar (Romanos 7:2). Un fariseo, es una persona que cree que es superior a los demás, por lo poco o mucho que sepa más que los demás; por lo mucho o poco que haga o no haga más que los demás; o porque cree, que por estar en tal o cuál lugar, en donde los demás no están, él o ella están en paraíso mientras que los demás están en el infierno (Juan 8:37 y 39). ¿Cómo saber esto? Porque lo hemos sido uno de ellos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa      

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