Y la verdad… os hará libres.

 


 

En el evangelio de Juan, en el capítulo 8 y versos 31-32 leemos que Cristo les dice a los judíos: “Si me conocéis a mí, y permanecieres en mí… seréis completamente libres”. Casi inmediatamente, en el capítulo 10, versos 1-11, les dice qué: “El, como buen pastor, llama a sus ovejas por nombre y LAS SACA DEL REDIL, para que le sigan”, y JAMÁS las mete a otro redil, sino más bien les dice que se aparten de la religiosidad de los asalariados porque son ladrones, porque esa viene siendo parte de su libertad (Prueba: “Delante de los religiosos les declara: Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen, Mateo 23:3). ¿A qué viene todo esto? A que dos mil años después el patrón de los asalariados se sigue repitiendo. Habiéndo sido llamados a libertad todos aquellos a quienes el Señor ha llamado, millones están sujetos a leyes humanas impuestas por los asalariados (cada congregación tiene las propias). Ciertamente fuimos llamados a libertad… NO a libertinaje, PERO tampoco a ser marionetas de nadie, en dónde, si no se cumplen las normas establecidas (por los hombres) somos unos rebeldes, unos pecadores, y por lo tanto, no dignos de entrar al reino de los cielos… por no ser subordinados a los intereses personales ocultos de ellos (???). Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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