El remanente… fue sacado, no metido.
Mientras hubo Templo los judíos se reunían allí para orar,
estudiar y enseñar la palabra de Dios, pero, en 586 AC, Babilonia somete al
pueblo y destruye su Templo. Pero había una profecía dicha por el profeta
Isaías que rezaba así: “Porque de “Jerusalén saldrá un remanente, y del monte
de Sion los que se salven, el celo de Jehová hará esto” (Isaías 37:22). Desde
ese entonces el pueblo decide reunirse en pequeños grupos en lo que conocemos
como sinagogas. Aproximadamente 600 años después vino Cristo (Lucas 3:1-3), el
Hijo de Dios, y se nos dice de él: “A los suyos vino, pero los suyos no le
recibieron” (Juan 1:11), sin embargo, aún así, nos narra el cumplimiento de la
profecía de Isaías: “El pastor llama a sus ovejas por nombre y LAS SACA del
redil(el segundo templo) , sus ovejas oyen su voz, y van detrás de él… pero
también tengo OTRO redil” (gentiles) (Juan 10:1-4,16). Ese día, hace dos mil
años Dios empezó a reunir a su “remanente” (pues no todo el que es judío es
pueblo de Dios, vea Gálatas y Efesios), y, cuando la última de las ovejas del
otro redil haya entrado… entonces ese remanente será salvo (Romanos 11:25).
Recordemos: El remanente fue sacado… no metido al redil. Por algo el Señor ha
estado en contra de tener un templo físico (Hechos 17:24). El que entendió,
entendió.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
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