Al que tiene hambre no hay necesidad de llamarlo a comer.

 


Cuando éramos pequeños hace siete décadas y media, recordamos que nuestra madre nos llamaba a comer pero nosotros preferíamos seguir jugando, cuando ella nos llamaba con más autoridad, y, en ocasiones hasta con amenaza de corregirnos la abuela le decía: “Dejálos mija, al que tiene hambre no hay necesidad de llamarlo”. ¡Cuánta verdad encerraban esas palabras!. Cuando nos apretaba el hambre hasta nos regañaban por comer de más. Hoy, hemos podido comprobar esas mismas palabras en lo espiritual: Entre las personas que nos decimos creyentes, vemos que muchos tienen que ser llamados para venir a comer, pero algunos (los menos), quieren comer de más. En un mundo “materializado al cien por ciento”, los distractores que tenemos los creyentes son exagerados. Cristo dijo a quienes le queríamos seguir: “Buscad PRIMERAMENTE el reino de Dios, y lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6:33). ¿Qué parte nos fue tan difícil de entender de PRIMERAMENTE? Quitemos el materialismo de nuestras vidas, y veremos que sólo nos queda hambre por conocer más de Dios; por entender más de Dios; por estar más con Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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