Prostituta y traicionera… pero la amò.

 


 

Dios ordena: “Ve…y tòmate una mujer fornicaria (prostituta)”, y el hombre no sólo lo hizo, sino que también la amò, al extremo de tener hijos con ella e ir a buscarla cuando ella, con el tiempo lo traiciona (Oseas1:3.4 y 6; 2:7).  ¡Què duro ha de ser para un varón común y corriente escuchar palabras como esas, PERO, más duro ha de ser si esas mismas palabras las recibe un hombre que ha consagrado su vida a los asuntos de Dios como le sucedió al profeta Oseas. Es difícil alcanzar a suponer la incertidumbre de un hombre dedicado a Dios con todas sus fuerzas, y tener la certeza que esas palabras que van en contra de todo lo que uno sabe, conoce, practica y predica vienen del ser que se supone ha prohibido esa clase de acciones y relaciones (Levìtico 21:7). Pero, como la orden vino de quien es dueño del mundo y de todo lo que en él habita el profeta recibió, no solamente la fortaleza para hacerlo sino la gracia para aún siendo mujer infiel… amarla (Salmo 24:1). Sì, lo mandan a brazos de una prostituta… y sin embargo la amò, bien dijeron los discípulos: “Dura palabra es èsta” (Juan 6:60-66).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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