No es un tutorial.
Hoy en día, todo se mueve en forma virtual, ya no asistimos
a hacer largas filas para un pago, hoy lo hacemos desde nuestra sala de casa.
Ya no vamos a perder tiempo a un supermercado, ellos nos llevan la comida a nuestra
puerta y nosotros sólo ponemos la tarjeta de crédito en una máquina y pagamos.
Lastimosamente, este sistema de vida material que llevamos lo queremos
trasladar a la vida espiritual, y, llegamos a la congregación o a un grupo de
oración, hacemos nuestra confesión de fe como dice Romanos 10:1-11; y,
pretendemos que por “inercia” ya tendremos otra vida. NO fue eso lo que Dios
ofreció, él sí nos ofreció otra vida, él sí nos ofreció paz espiritual, PERO,
todo fue “condicionado”. Veamos: “En el día de la angustia, búscame y yo te
encontraré, te ayudaré… PERO, tú me servirás” Salmo 50:15). Tenemos que
entender que hacer una confesión de fé NO ES UN TUTORIAL en donde nos dan la
fórmula mágica de una receta y solamente es de copiarla y ya. No, la vida del
creyente es una práctica diaria de avanzar en conocimiento, entendimiento,
servicio y trato personal con Dios y prójimo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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