Ese leproso… éramos nosotros
Cristo, viene de dar el Sermón del Monte en éstas
condiciones: Seguido de sus apóstoles, de las mujeres que ya se le habían unido
al grupo, y, multitud de personas que esperaban ansiosas más milagros o una
palabra personal (Mateo 8:1). Y, frente a él se detiene un hombre con lepra,
que le dice: “Señor, si quieres… puedes limpiarme” (Mateo 8:2). Un momento
tenso, aunque para los seguidores y la multitud, no así para Cristo. Y quien
con amor le responde: “Quiero, sé limpio”. Ubiquémonos, ¿Qué tipo de angustia
tenía que traer ese leproso sobre sus hombros?: Desechado por la sociedad;
sucio físicamente pues no le era permitido estar en ningún lugar público adecuado;
quizás con hambre física y ya no digamos espiritual. Pero aún así, vence todos
los protocolos y se rinde ante el Señor. ¿Acaso no nos podemos identificar con
ese leproso? ¿No nos hemos puesto a pensar que nosotros estábamos así en una
oficina corrupta; en una vida inmoral; en una suciedad completa… y sin embargo,
un día el Señor estuvo frente nuestro, y por nuestra necesidad rompimos los
protocolos? Ojalá, y quienes hemos tomado la decisión de decirle a Cristo: “Si
quieres… puedes sanarme”, y hemos sido sanados, no nos olvidemos de vivir
agradecidos (Salmo 50:15). Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario