Ellos 12 éramos todos nosotros.

 


Estudiamos de Pedro, rebelde e impulsivo (Juan 18:10); de Juan y Jacobo, fuertes, decisivos y hasta violentos (Marcos 3:17); de Judas, un traidor (Mateo 26, Marcos 14, Lucas 22 y Juan 13); de Felipe, quien se preocupaba por el prójimo (Juan 6:7); de Mateo, el hombre que tomaba notas de todo lo que sucedía alrededor de su Maestro (Mateo 1); de Juan y su hermano Jacobo (Santiago el mayor), de Pedro y Andrés que eran todos pescadores (Mateo 4:18-21), por mencionar a algunos de los 12. Y, ¿El por qué de ésta introducción? Pues porque al observar el rebaño del Señor en la actualidad, podemos perfectamente identificar que entre todos los que hemos tomado la decisión de seguir a Cristo, entramos conscientes o inconscientes en una de esas actividades humanas, que en la caminata se vuelven espirituales. Todos somos rebeldes, impulsivos, decisivos, violentos, nos preocupamos por los demás en determinados momentos, tomamos nota de lo que sucede o deja de suceder, y, hasta en ocasiones no pocas… traicionamos la bondad, el amor, la confianza y la protección de nuestro Señor. Sì, ellos 12 èramos nosotros. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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