Nuevas oportunidades.
¿Quién no ha desechado una oportunidad en cualquier área de
la vida? Quizás emocional, económica, de trabajo, y hasta de pareja. Y, ¿quién
no desea una segunda o nueva oportunidad? Acaso en éste sentido el ejemplo más
palpable sea nuestro amado rey David. Un hombre que fue “conforme el corazón de
Dios”, (1ª Samuel 13:13-14). Y sin embargo en un momento de inestabilidad o
debilidad cometió pecados serios (no fue al frente de la batalla; estaba ocioso
en el palacio; se deleitó con la desnudez de Betsabé; la codició; la obligó a
venir; la violó; la desechó; asesino al esposo, y quiso esconderlo todo). PERO,
tuvo el corazón como el de Dios, al estar dispuesto a arrepentirse y a obedecer
lo que Dios le dijo que hiciera. ¿Entendemos? David no tenía el corazón como el
de Dios por ser perfecto, sino por tener una tendencia extrema por obedecer y
agradar a su Dios, la mejor prueba de ello es que Dios le manda decir a Saúl,
que ESA es la razón (la falta de obediencia) por la que su reino había sido no
solamente quitado sino dividido (Hechos 22:13). ¿Queremos nuevas oportunidades?
Entonces, arrepintámonos y obedezcamos a Dios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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