Eureka, eureka
Corría el siglo tercero antes de Cristo, cuando Hierón II
gobernó Siracusa en Sicilia, quien ordenó le fabricaran una corona de oro puro,
ante la sospecha que pudieran agregarle plata y robarle el restante material,
le pide a Arquímides, que lo compruebe. Este, en una feliz coincidencia de las
que les pasa sólo a quienes buscan algo diligentemente, descubre al meterse a
bañar a su tina, que el volumen de agua que desplazó era igual a su peso.
Operación que repite con la corona y una pieza de oro de similar peso. Allí, es
cuando comprueba su hipótesis y se convierte en teoría. Y, es también, cuando
sale desnudo por la calle gritando ¡Eureke, Eureka! (lo encontré, lo encontré).
Algo material que hizo estallar de júbilo a alguien que buscó diligentemente
algo hasta encontrarlo. Pregunta: ¿Hemos encontrado a Cristo… y nos quedamos tan tranquilos? No era o es
como para que salgamos y se lo contemos a todo mundo…. ¿entienda o no entienda
nuestra desnudez espiritual?. Buscad y hayaréis dijo Cristo (Mateo 7:7), si ya
lo buscamos y ya lo encontramos ¿Por qué las gentes no nos escuchan gritar
EUREKA, EUREKA?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa
Comentarios
Publicar un comentario