Rey, Maestro, y Profeta.
¿Por qué el
ministerio de nuestro Señor Jesucristo fue tan completo? Pues porque cumplió
con todas las características que necesitaba ese ministerio. El fue REY,
MAESTRO Y PROFETA al mismo tiempo. REY: Unos magos (sabios de oriente) llegan diciendo: ¿En dónde está el rey de los
judíos, que ha nacido? (Mateo 2:1-2). El fue MAESTRO: “Y entrando en Capernaum,
se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad”
(Marcos 2:21-22). Y fue PROFETA: “El día que conoce a uno de sus futuros
discípulos, Natanael, no solamente le dice: Cuándo lo conoció estando bajo la
higuera (Juan 1:48), sino le da una profecía: “Verás el cielo abierto, y a los
ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:50)…
pero, ¿cuándo se cumplió esa profecía?, tres años y medio después en Hechos
1:9: “Y viéndolo sus discípulos, fue alzado, y le recibió una nube que le
ocultó de sus ojos… Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, se
pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas”. Meditemos pues,
somos adoptados por un Rey, Maestro y Profeta, quien también es nuestro Sumo
Sacerdote (el único, Hebreos 8:1).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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