No dijo a dónde sino a quién

 


 

Cuando en la vida cotidiana y laboral nos va bien, en la última persona que pensamos (generalmente) es en Dios. Cuando todo nos está saliendo según nuestros planes, cuando todo está muy a favor nuestro, el orgullo y la vanidad no nos permiten entender que si estamos como estamos es porque Dios lo ha permitido. Las escrituras nos dicen: “El (Dios) cambia los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:21). Imagínese usted, si Dios es totalmente soberano para poner a un rey, sea éste benévolo y bondadoso, o, por el contrario, dictador y perverso, cómo no va a controlar nuestras vidas, nuestra salud, nuestras finanzas, nuestro entorno, etc.. Así, un día de tantos en las clases de preparación que Cristo les dio a sus discípulos, les pregunta: ¿Dado, que muchos de los que me siguen, ya no quieren hacerlo porque ésta vida es dura y no es lo que pensaron, queréis iros también vosotros? (Juan 6:67). Y Pedro respondió algo importante, pues NO dice: ¿A dónde iremos Señor? Sino: ¿A QUIÉN iremos Señor? Esta pregunta y ésta respuesta también nos es hecha hoy a nosotros, a quién iremos. Nosotros decidimos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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