El pecado que no se mira.
Juzgamos el pecado
por lo que vemos, pero, ¿Y lo que no vemos? Señalamos a una persona porque le
vimos tirado en una banqueta borracho o consumiendo drogas, pero, ¿Y el que
vemos bien arreglado en la calle, y en secreto es alcohólico o consume las
mismas drogas? A ese no lo censuramos. Censuramos a la mujer que vemos con
otros hombres en la calle, pero, ¿Y la que se mete solamente con otro, pero en
secreto? Las escrituras nos dicen: “Toda alma que pecare… esa morirá” (Ezequiel
18:20). Ahora bien, ¿Peca solamente el que vemos, o también el que no vemos? ¿Es
pecado solamente cuando nos ven, o también lo es cuando estamos solos? El
apóstol Juan nos enseña en el capítulo 5 y verso 14 de su evangelio lo que
Cristo le dijo a alguien paralítico desde hacía 38 años: “Vete… y no peques
más”. Preguntamos: ¿El hombre había estado expuesto al público; en un lugar
público; rodeado de personas las 24 horas de los 7 días de todos esos años ¿En
qué pecó? ¿Cómo pecó? Pecó muy seguramente en lo secreto, por qué lo creemos,
por sus mismas palabras: “Señor, no tengo quién me meta al agua” (Juan 5:7).
Acaso fue resentimiento, cólera, envidia, celos, contienda, etc. ¡No lo
sabremos quizás hasta el día de nuestra partida! Sin embargo, lo que sí
conocemos es que Cristo conoce los pensamientos de todos, y, por alguna razón
le declaró: ¡No peques más! Luchemos por no pecar ni en público ni en privado.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa
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