Simplemente… no es para todos.

 


A quienes se esfuerzan por buscar los asuntos de Dios en la intimidad con él mañana y noche; a quienes estudian a consciencia la palabra de Dios como lo hicieron los profetas, los grandes hombres de Dios. Les ha pasado el tener que vivir experiencias muy dolorosas: Soledad intensa; incomprensión de las gentes; momentos de dudas profundas; agotamientos extremos, persecuciones, etc. Pero un patròn que se repite es el hecho que NO SON ESCUCHADAS… al principio. Lo podemos ver en los profetas mayores, la “indiferencia” con la que escucharon los antiguos a Isaìas hablar del Mesìas en el capítulo 53; lo vemos en Ezequiel, a quien Dios puso como modelo o como ejemplo de “sufrimientos” sobre el pueblo y no lo detectaron a pesar de que perdió hasta la niña de sus ojos (Ezequiel 24:16). Lo vemos en Jeremìas, cuando todos los falsos profetas decían: Paz y Seguridad, él decía “cautiverio” y lo que vino fue cautiverio (Jeremìas 14:14). ¡Cuànta soledad, tristeza, agotamiento y frustración sienten los hombres de Dios cuando las gentes NO quieren escuchar! Y la respuesta es: Porque las grandes verdades de Dios NO SON PARA TODOS, a los demás por parábolas para que NO entiendan les dijo Cristo a sus discípulos (Lucas 8:10 e Isaìas 6:9). Triste pero verdadero.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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