Para que no tropiecen los débiles.
“Pero mirad que esta libertad
vuestra no venga a ser tropezadero para los dèbiles” (1ª. Corintios 8:9). El
apóstol escribiendo a los creyentes residentes en Corinto, ciudad portuaria muy
pecaminosa por sus prostíbulos, especialmente el dedicado a Afrodita (llamado irónicamente
El Templo) en donde moraban 1,000 prostituta, y, que, precisamente por ese
ambiente era tan complicado que vivieran allí los creyentes. Les advierte
también con respecto a los alimentos a ingerir, explicándoles que se puede
comer de todo, pero, que tengan cuidado de no ser tropiezo a los débiles. Es
decir: “Cuidar de no dar mal testimonio a personas de poca resistencia a sus
deficiencias o debilidades”. Por ejemplo, dado que desde la antigüedad el vino
está presente en toda reunión, evitar compartir vino con alguien que tiene
problemas de no controlar la bebida. El punto o la lección es: “Evitemos a toda
costa ser tropiezo a los que tienen poca resistencia a sus debilidades, asì,
por empatìa, nosotros recibiremos los mismos tratos”.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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