Nada es para siempre

 


Hemos conversado acerca de cómo hemos visto familias que fueron muy pero muy adineradas, y el día de hoy están pasando muchas penurias por diversas razones en la vida. Esto no es para nada nuevo, hace casi tres milenios, el sabio rey Salomòn nos lo hizo saber en su libro Eclesiastès: “Aborrecì también todo el trabajo que hice bajo el sol, pues el fruto de tanto afán tendría que dejàrselo a mi sucesor, Y ¿Quièn sabe si este serìa sabio o necio?” (Eclesiastès 2:18). Es increíble, y más hoy en día, la forma en que los afanes han ido acabando con la humanidad a través de los siglos. La publicidad, al principio; y la mercadotècnia y la globalización más adelante, nos han hecho pensar y creer que mientras “más tengamos… más felices seremos”, y, no nos hemos dado cuenta que NO es asì. Por el contrario, eso nos trae más angustia: Pensar que no cuiden los juguetes tan caros damos; pensar que les van a robar el celular tan costoso; pensar que van a arruinar el televisor nuevo; que van a rayar la pintura del auto recién salido de la agencia, etc. Y no nos ponemos a pensar: “Que èsta noche pueden venir y pedir nuestra alma… y TODO, TODO lo que creemos nos hace felices le quedarà a otro, que no sabemos si será SABIO o NECIO. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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