Justificaciòn y acusación.

 


 

Es muy difícil encontrar a un ser humano que reconozca, al menos a la primera mención, su error o su equivocación, su mentira, su engaño, su falta de honestidad, etc. NO es nada nuevo, desde el principio vemos un patròn en el ser humano que no se ha podido superar en 6 milenios. Dios pregunta a Adàn: ¿Por què comiste del fruto? Y Adàn responde: La mujer me diò… y esa mujer me la diste tú (Gènesis 3:11-12). Dios le pregunta a Eva ¿Què es lo que has hecho? Y Eva responde: La serpiente me dijo… y me engaño (Gènesis 3:13). ¿Notamos el patròn?  Cuando los seres humanos fallamos… No solamente justificamos nuestro pecado… sino acusamos a otro. Es totalmente inherente al alma del ser humano NO ser culpable nunca. Nunca decimos “rompì” el vaso… siempre decimos “se rompió” el vaso. Nunca decimos “botè” el florero… siempre decimos se “cayó” el florero. Què diferencia cuando ya conocemos a Dios tan íntimamente como lo hizo el rey David, y llegar a ese “climax o grado” de entendimiento para poder decir: “Señor, por favor perdóname mis pecados… AÙN aquellos, que me son ocultos” (Salmo 19:12).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa. 

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