Ser religioso no nos hace necesariamente conocerlo.
Cristo les dice a los
religiosos en un momento determinado: “Vosotros sois de vuestro padre el
diablo” (Juan 8:44). Pero analicemos primero el contexto antes de emitir un
juicio. Estando en el templo los religiosos le llevan al Señor una mujer tomada
en adulterio, pero la llevan, contrario a la Ley de Moisès, SÒLO a ella, no al
adùltero tambièn, primera hipocrecìa (Juan 8:3). Luego la quieren lapidar por
pecadora, segunda hipocrecìa, pues ellos también tenían pecados dignos de
muerte, la prueba es que se fueron yendo del más viejo al más joven… y
silenciosamente (Juan 8:9). En otro pasaje leemos que Cristo le dice a un
jerarca religioso: “Eres tú maestro de la Ley… y no sabes esto” (Juan 3:10).
Como podemos ver, el ser religioso NO nos hace ni conocer a Dios ni mucho menos
entenderlo. Para poder lograr eso, es necesario que creamos, confesemos y
sigamos a Cristo, él mismo lo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan
14:6). El apóstol escritor del libro de Romanos nos dice: “Còmo creerán si no
hay quién les predique”, pero termina diciendo: “Màs no todos obedecieron al
EVANGELIO… al menos NO los religiosos” (Romanos 10:14-18). Al punto: Si Cristo,
que no puede mentir, les dice a los religiosos: Vosotros sois de vuestro padre
el diablo ¿Mintiò?
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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