Prosperidad… Pero ¿Con el dinero o el trabajo de quién?
Abraham, nuestro padre de la
fe NO era rico… era “riquìsimo” nos dice la escritura (Gènesis 13:1). Josè, el
hijo de Jacob, llegó a administrar una de las riquezas “más grandes” conocida
en toda la historia humana (Gènesis 41). Salomòn, NO era rico… era “riquìsimo”
(1ª Reyes 10). Luego, entonces, nosotros como creyentes TENEMOS QUE SER RICOS.
Eso, es lo que dicen los “mercaderes de la fe”, nacidos de pensamientos
satánicos como el “pensamiento positivo”, o, “la doctrina de la declaración”.
Pero, ¿funciona? Pues la historia y las
evidencias demuestran que a algunos les funciona: Ahora, la pregunta del caso
es ¿A quiènes y con el trabajo de quienes? Porque NO toda la congregación se
vuelve “riquísima” ni maneja la “riqueza” de la misma. Hacerse rico a costillas
del trabajo de otro… NO es bìblico. Dios le dijo al hombre (entiéndase aquí a la
humanidad completa): “Maldita será la tierra por tu causa… y con el sudor de TU
frente (no del que está enfrente) comeràs el pan”. (Gènesis 3:17-19). Claro que
Abraham, Josè y Salomòn fueron “riquísimos”… pero con SU sudor, no con el sudor
de otros. TODOS los que reciben un salario por predicar el evangelio son
ASALARIADOS, lo dijo Cristo, y NO debieran hacerse ricos con ese salario (Juan
10). El que entendió, entendió.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario