Màscaras o hipocrecìa.
Dios le hablò en varias
ocasiones a los patriarcas y a sus grandes héroes de fe, pero todos, en
distintos momentos de su vida mostraron caras diferentes, a eso le llamamos
“màscaras”. Analicemos el caso de Abraham: Se muestra “sumiso” delante de Dios
y por ello le obedece y deja su tierra y su parentela (Gènesis 12:1). Se
muestra “valiente y ejemplar” cuando los 5 reyes de la llanura toman prisionero
a su sobrino Lot, y sin ser hombre de guerra, arma un pequeño ejército de 318
hombres y va y lo rescata (Gènesis 14:12-16). Pero se muestra “temeroso y débil”
delante de Faraòn y de Elimelec, cuando teme por su vida por la hermosura de
Sara su mujer (Gènesis 12:12 y 20:3-4). Lejos esté la comparación entre
nosotros y los patriarcas, pero ¿Acaso no somos iguales? ¿Acaso lo que las
personas de la calle ven en nosotros es lo que realmente somos en la vida? Debemos
cuidar el uso que hacemos de las màscaras para no caer en la hipocrecìa, pues es
una línea muy delgada. Dios y las personas que tratamos se merecen nuestra
transparencia, o al menos que luchemos por lograrla, pues es muy distinto una
màscara (vivir el momento) a la hipocrecìa (vivir engañado y engañando).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
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