No entendí.
Tenemos una hermana en la fe,
a quien hay que explicarle las cosas despacio y con buena letra como decían las
abuelas, porque de lo contrario su respuesta es: ¡No entendí!. Asì somos TODOS
delante del Señor, él nos habla y nosotros no entendemos, toda la vida creemos
que nos está hablando en parábolas. Pero si ese es nuestro caso (creemos que el
de muchos), no nos desanimemos. Le pasó a grandes hombres de fe como a Daniel,
veamos lo que Dios le dice en capítulo 9 y verso 25: “Sabe, pues, y entiende
Daniel”, en otras palabras: “Has una pausa Daniel, reflexiona y entonces
entenderàs”. Esa es una razón poderosa por la que debemos de buscar las cosas
de Dios con mucha calma, en un lugar apartado (si es posible), en la quietud de
la madrugada o de la noche como lo hizo Jesùs en su momento de más angustia
(Lucas 22:41); o como cuando iba a tomar decisiones importantes como elegir a
sus discípulos (Lucas 6:12-16). Todos queremos que Dios nos hable, pero de
nosotros depende dejar los afanes por un lado, para luego no tener què decirle:
Señor, no entendí.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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