Sangre… Sobre la tierra.

 


 

En el huerto de Getsemaní, los evangelios nos hablan que Cristo se hincó en tierra para orar (Mateo 26:39; Marcos 14:35; y Lucas 22:41). El doctor, evangelista e historiador Lucas, después de haber investigado “diligentemente” todos los sucesos que entre la gente de esa época se decían ser “ciertísimos” (vea Lucas 1:1-3). Nos narra que en un momento determinado Cristo orando, sudo gotas de sangre (Lucas 22:44, dicho sea de paso, los científicos han demostrado con puntualidad que una persona en determinado estado en ansiedad puede llegar a padecer eso). ¿Qué significado tenía espiritualmente ese suceso? Pues que el Hijo de Dios estaba con su sangre “bendiciendo” otra vez la tierra que un día su Padre había “maldecido” y de la cuál fue hecho el hombre (Génesis 3:17 y 19), y nos estaba dando la oportunidad de redención que no podía venir por medio de sangre de animales como los que sacrificaban en el Templo. Y, ¿Eso es comprobable o es una hipótesis personal? Pues la mejor prueba es la destrucción del Templo en el año 70, momento en el cuál, y, hasta la fecha, nunca más se han podido sacrificar animales por causa del pecado humano. Y comprobado por el escritor de Hebreos (4:16 y 8:13) y el apóstol Pablo en Romanos 10:4. 

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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