Difíciles de entender si no son reveladas.

 


El apóstol Pedro escribió del también apóstol Pablo: “Entre sus escritos, hay algunas cosas difíciles de entender” (2ª Pedro 3:16). Dicha expresión nos debiera de animar en lugar de bajarnos el ánimo, pues nosotros no entendemos aún mucho de lo que está escrito, pero no somos los únicos, veamos: En la última noche que el Señor pasó con sus discípulos, específicamente durante lo que conocemos como la última cena (capítulos 13 al 17), les dice: “Un poquito, y no me veréis; otro poquito y me volveréis a ver” (Juan 16:16, no hablaba de su segunda venida como erróneamente nos han enseñado, hablaba de su muerte y resurrección tres días después… un POQUITO de tiempo). Si, no podríamos entender nada si no nos fuera revelado, el mejor ejemplo de ello es el apóstol Pablo, pues hasta que las escamas de sus ojos cayeron, éste no entendió que “en el nombre de Dios… perseguía a Dios” (situación que se repite una y otra vez en el mundo, léase: Inquisición, Edad Media, las Cruzadas, y, las congregaciones actuales con sus “supuestas” normas de santidad). “El que no tenga sabiduría que la pida” escribió Santiago (Jacobo, el hermano de Cristo, Mateo 13:55; Marcos 6:3) en su epístola en 1:5. Consideremos pues qué, mientras no haya revelación divina, con el sólo conocimiento humano no entenderemos nada. De lo contrario, personas que sólo ocupan un cargo sin unción nos seguirán teniendo como borregos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa

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